jueves, 31 de julio de 2014

Curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo UIMP sobre Inteligencia Artificial

Los días 21 a 23 de Julio se ha celebrado un curso de verano en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo UIMP en el que he intervenido como ponente.

El curso se denominaba INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y PORVENIR DE LA ESPECIE HUMANA y estaba a cargo del prestigioso profesor Ramón Tamames siendo Felipe Debasa Navalpotro el secretario del curso.

Han sido tres jornadas intensas y agradables bajo la brisa cantábrica en la bella ciudad de Santander en el fantástico marco del Palacio de la Magdalena.

Mi ponencia versó en torno a los temas candentes de la Inteligencia Artificial con el título Cerebro y ordenador: mundos convergentes... ¿y competidores?

La nómina de asistentes era de gran nivel y contó con José Luis Cordeiro Mateo, Jesús Banegas Núñez, Javier de Felipe Oroquieta, José María Baldasano Recio, Adolfo Castilla Garrido y Carlos Rodríguez Jiménez.




Descripción de la actividad

Los avances en términos de inteligencia artificial (IA), han sido espectaculares en los últimos tiempos, lo que permite, en la vida cotidiana, la disponibilidad de máquinas tan útiles como lavadoras, frigoríficos, ordenadores, y otros muchos dispositivos electrónicos inteligentes; capaces de elegir los programas más adecuados para adaptarse a las necesidades de cada caso y así ahorrar tiempo y energía. Como también es factible diseñar instrumental médico avanzado, trenes automáticos que operan sin conductor, etc.

La IA no está reñida con la inteligencia humana. Por el contrario, se va sabiendo cada vez más sobre cómo funciona el cerebro humano –una red neuronal altamente compleja— por la analogía con fenómenos como, por ejemplo, Internet, y más concretamente, el caso de Google que ya relaciona casi todo con todo.

Y moviéndonos en el área del IA, inevitablemente hemos de referirnos a los robots, los trabajadores no humanos, a los que el escritor checo Karel Čapek dio nombre a partir de su lengua originaria (robot = trabajador). Y desde esa primera notoriedad, de los años 20 del siglo XX, la robótica ha avanzado, hasta el punto de que Hiroaki Kitano, uno de los directores del Sony Computer Science Lab, en Tokio, a principios de los años 90 del siglo XX, ya soñaba con crear robots humanoides, capaces de competir con hombres y mujeres, algo que ya es una realidad por lo menos a cierto nivel.

La IA se ha vuelto ubicua: está en todas partes, aunque a veces no sea visible. Por ejemplo, en los sistemas de inyección de los automóviles se utilizan algoritmos de aprendizaje automático; en los videojuegos se emplean redes neuronales; en los sistemas de detección de fraudes financieros, se recurre a técnicas de aprendizaje automático relacional. Por su parte, la gestión del tráfico de llamadas telefónicas vía móviles, de detección de hábitos de consumidores, de los buscadores en la web, en todos esos procesos se recurre a técnicas de IA.

Los avances que hemos ido viendo en materia de IA y áreas conexas nos inducen a buscar dónde pueden estar los límites y qué relación guardan con el entorno sociológico e incluso religioso, siendo cada vez más frecuentes las preguntas sobre si la incidencia será irreversible por sus consecuencias en la forma de comportarse la propia especie humana. En ese sentido, Ray Kurzweil estima que en 2023, tendremos artefactos del tamaño de un ordenador personal, capaces de emular y sobrepasar el nivel de inteligencia de un ser humano; y en 2045, algo equivalente a la totalidad de inteligencia combinada de todos los seres humanos; con un software que asumirá la enorme complejidad de los procesos del pensamiento. De modo y manera que con ese software genético podrá alcanzarse un nivel de sofisticación suficiente para sobrepasar los cerebros biológicos. En definitiva, el Homo sapiens podrá disponer de habili­dades hasta ahora inimaginables.

Podría decirse, desde luego, que todo lo anterior es pura especulación. Si bien cabe observar, que el progreso de la inteligencia y del conocimiento es aparentemente imparable. Al modo en que en cierta ocasión planteó el filósofo y dibujante inglés William Blake (1757/1827):

Todo lo que hoy vemos,
fue un día imaginación.
Todo lo que hoy imaginamos,
podrá ser realidad mañana.

Todos los aspectos señalados en esta Introducción, son el trasfondo del Encuentro “La inteligencia artificial y el porvenir de la especie humana”, un conjunto de tres jornadas que se detalla a continuación. Y en el cual habrá ocho conferencias y una mesa redonda, para situar todo lo relativo a los temas a tratar, incluyendo en la introducción y en el final toda una serie de consideraciones de carácter filosófico, para mejor enmarcar los avances científicos a que nos referiremos.

El programa se desarrolla según los horarios, y con los intervinientes que figuran a continuación de manera detallada. Dando siempre, al final de cada sesión de mañana o tarde, oportunidad a los asistentes al Encuentro para exponer sus propios planteamientos, y especificar sus dudas a los ponentes.

Programa académico en pdf

lunes, 7 de julio de 2014

Debate en Radio3 Fallo de sistema: Desmontando a Kurzweil 02

El pasado domingo 6 de julio el programa Fallo de Sistema de Radio3 dirigido por Santiago Bustamante emitió un debate sobre las predicciones de Raymond Kurzweil.
También hablamos sobre la supuesta superación del Test de Turing por el chatbot Eugene Gotsman.
El debate fue muy interesante y contó con la presencia de Juan Lerma (Neurociencia y Biología), Martí Sánchez Fibla (Neurociencia y Robótica) y Santiago Sánchez-Migallón (autor del excelente blog La Máquina de Von Neumann)
Ya está disponible el podcast.

Fallo de Sistema - Episodio 141: Desmontando a Kurzweil 02 - 06/07/14

06 jul 2014

Se cumplían 65 años de su formulación y 60 desde la muerte del matemático que le dio nombre: Alan Turing. Se ha superado el Test de Turing, es decir, por primera vez en la historia de la inteligencia artificial una máquina ha confundido a un 33% de jueces humanos haciéndoles creer que hablaban con un adolescente de 13 años de nombre Eugene Gotsman. ¿Cómo se ha superado el Test de Turing? ¿Qué significa haberlo hecho? ¿Estamos ante la primera generación de inteligencia artificial de comportamiento humano convincente? Y si no es así ¿habría que reformular el Test para exigir más de lo que se ha hecho en esta prueba? Podrás escuchar la "conversación" de Eugene con un juez humano que no estuvo en la prueba y al que Eugene no le pareció humano. ¿Por qué? ¿significa eso que la propia predicción de Kurzweil diciendo que el Test se superaría en 2029 sigue siendo vigente? Sometemos este hecho histórico convocando un segundo "gabinete de crisis de la singularidad" al hilo de nuevo de las ideas del futurista, inventor, ingeniero, agitador de conciencias, Raymond Kurzweil y lo hacemos nuevamente de manera multidisciplinar con: Juan Lerma (Neurociencia y Biología), Martí Sánchez Fibla (Neurociencia y Robótica), Antonio de Orbe (Inteligencia Artificial) y Santiago Sánchez (Filosofía).

viernes, 4 de julio de 2014

Cerebro y ordenador disponible en Amazon

Ya está disponible Cerebro y ordenador en la tienda Amazon.
Como parte de la nueva política de Click Ediciones, sus libros se distribuyen a través de otras plataformas. Además de La Casa del Libro y El Corte Inglés, ahora se puede conseguir en la tienda de Amazon para leerlo en los populares dispositivos de lectura Kindle en su formato mobi.


jueves, 26 de junio de 2014

La enorme importancia de simular un diminuto gusano

¿Dónde estamos en los intentos de simulación del cerebro como en el caso de Blue Brain? ¿Cuál es el interés que puede representar un microscópico gusano como Caenorhabditis elegans (C. elegans)? ¿Sirve de algo el tan cacareado Conectoma? Afortunadamente un pequeño pero importante proyecto nos puede ayudar: OpenWorm

Reconozco que me he puesto muy pesado con el dichoso gusano. Y sin embargo, sigo convencido de que tiene una importancia capital. Queremos entender el cerebro humano. Queremos incluso simularlo en el ordenador. Gastamos cifras astronómicas en intentarlo. ElConectoma humano, el mapa de todas las conexiones neuronales en el sistema nervioso humano, concita el trabajo de un gran número de investigadores. Y mucho dinero.
Pero la pregunta es muy simple. ¿Cómo podemos entender y en su caso simular una estructura sumamente compleja como el cerebro humano si no somos capaces de hacerlo con una muy simple como el sistema nervioso de C. elegans?
El reduccionismmo en ciencia es muy útil. También en neurociencia. Alan Hodgkin y Andrew Huxley recibieron el Premio Nobel por averiguar el modo en el que la señal nerviosa se propaga por la neurona, el llamado potencial de acción. Y lo descubrieron en el calamar. Más concretamente en el axón gigante del calamar que se ve a simple vista y es sencillo de manipular. Eric Kandel recibió el Premio Nobel por sus estudios sobre la memoria realizados en una babosa marina, Aplysia. Gracias a estos dos animales sabemos mucho de los humanos.
Crear modelos es esencial en ciencia. Desde las matemáticas a un simple papel nos ayudan a explicar el mundo. También a hacer predicciones, experimentar, buscar errores… Pero en neurociencia hay muy pocos. Y la realidad, incluso la del gusano es muy compleja. Sin un modelo estamos perdidos.
Los intentos de simulación en neurociencia han comenzado con el más complejo de los sistemas ¡el cerebro humano! Es como si el primer proyecto de un arquitecto fuera un rascacielos o el de un ingeniero una estación espacial. Blue Brain o Cognitive Computing de IBM son dos de los más afamados. Ambos esperan lograrlo dentro de una década… si es que para entonces existen ordenadores capaces de hacerlo.
Una pequeña comparación. El cerebro humano tiene 85.000.000.000 de neuronas. C. elegans tiene 302. conocemos su Conectoma, es decir, la rede de conexiones de estas neuronas que suponen unas 7.000 sinapsis (el cerebro humano tiene 450 billones). Conocemos su genoma. A pesar de ello no sabemos cómo funciona. El modelo, la simulación, son imprescindibles.
OpenWorm es un modesto proyecto basado en estándares abiertos que se propone algo tan sencillo y complejo como simular C. elegans. El gusano es sencillo pero el proyecto es complejo. No solo simula las neuronas, sino las casi mil células incluidas las 95 células musculares. No solo eso. Pretende simular el entorno, es decir, la comida, el agua o el calor.
Ayúdanos a construir la primera forma de vida artificial
Se trata de un proyecto abierto en el que tú puedes participar. Usa estándares abiertoscomo OpenCL, Python… La descripción del estado del arte del proyecto y el roadmap están publicadas. Para ayudarnos, está disponible una reconstrucción en 3D.
El sw que simula el comportamiento de las neuronas es otro estándar llamado NeuroML. Todas las neuronas están descritas para que funcionen con este simulador.
La simulación completa se realiza en la actualidad en un GPU cluster de Amazon de unos 5 Tflops, lo que equivale a unos 50 ordenadores caseros.
Empezar por lo pequeño suele ser una buena idea. El gusano nos llevará al humano. Con tiempo y trabajo.

lunes, 9 de junio de 2014

CUANDO ATERRA EL PODER DE LAS MÁQUINAS Cerebro y ordenador. ¿Mundos convergentes?

CUANDO ATERRA EL PODER DE LAS MÁQUINAS

Cerebro y ordenador. ¿Mundos convergentes?
Es el título de una entrevista que me realiza el periodista Germán Pose Plata para la revista El Estado Mental, dirigida por Borja Cassani.

A continuación el texto completo

Cae la tarde a plomo de una primavera imberbe en Madrid y las recientes caricias del sol dejan paso a una brisa fría y seca, traicionera. Los paisanos se estremecen en las terrazas, y yo con ellos, quizá algo más, mientras repaso algunos apuntes en los que se asegura que los ordenadores están capacitados para crear vida humana. No retozarán excitados sobre la hierba fresca o un mullido colchón para reproducirse mientras se susurran cosas dulces o sucias al oído, pero estarán dotados de algoritmos superinteligentes que facilitarán procesos para crear organismos vivos. Un trago de saliva más espesa de lo normal me levanta de la silla y me conduce al refugio del interior del bar. También leo que, transformando nuestro cerebro en un software, seríamos capaces, entre otras posibilidades delirantes, de burlar a la muerte, alcanzar la eternidad. Estoy esperando al culpable de esa turbación crepuscular con el fin de que me descifre algunas de las claves asombrosas que contiene el libro que acaba de publicar: El Cerebro y el Ordenador. ¿Mundos convergentes? El hombre se llama Antonio Orbe y es psicólogo y experto informático en la compañía IBM.Empieza a oscurecer y la noche promete.

El bar tiene un aire decadente que no me disgusta, la luz es tenue, rumor mortecino de la tele en un rincón del fondo mientras el aire adormece con un aroma mezcla de refrito y amoníaco. No pasa nada y me detengo en la espuma de la cerveza que acabo de pedir. Un chamán en mi cabeza me hace sentir que estoy en mi sitio. El instante helado de la punta de los tenedores de Burroughs. Espero en paz al hombre que me va a guiar en el viaje hacia el misterio del cerebro. Reverberan las conexiones de la máquina de mi cuerpo que desde la nada más absoluta ha creado una mente superior que a su vez sería creada por otra mente más avanzada y así sucesivamente hasta enredarnos en un delirio obsesivo de turbio desenlace. Lo primero fue la nada, después el verbo, y luego el cerebro. Fábrica de sueños y de ideas, verdades y mentiras, fantasías de ayer, hoy y mañana. El cerebro, el gran computador, el jefe de la máquina que es el cuerpo humano.

“LLEGARÁ UN MOMENTO EN QUE LOS ORDENADORES ESTÉN DOTADOS DE LA POSIBILIDAD DE LA CONCIENCIA. […] DENTRO DE NO MUCHO TIEMPO SERÁN MÁS INTELIGENTES QUE LOS HUMANOS”

Todo puede tener sentido en un instante y al siguiente segundo convertirse en un caos trágico. Ahí reside el enigma de los mecanismos que manejan nuestra conducta. Bailan en mi mente, danzan malditas las cuestiones que quiero discutir con el sabio que espero. El hombre y la máquina, juntos y alborotados frente a la delgada línea de la frontera que establece el dominio de uno sobre la otra. O al revés. Entre trago y trago de cerveza se cruza el lamento del neurobiólogo francés Jean Pierre Changeaux: le inquieta que el hombre no esté dominando bien al mundo ni a su cerebro: condiciones negativas del trabajo, subalimentación en muchas partes del planeta, amenazas bélicas de destrucción total. En su certero análisis subraya que todo eso no ayuda al funcionamiento equilibrado del cerebro como se ve por el uso excesivo de tranquilizantes. Es decir, que el hombre moderno pretende dormirse para soportar un ambiente adverso del que es responsable. Otro suave golpe de amoníaco me pone enfrente a Spinoza, que ya en su tiempo advertía que hace falta todavía construir en nuestro encéfalo una imagen del hombre, una idea que sea un modelo que podamos contemplar y que corresponda a su porvenir.

El profesor Orbe entra en el local, espigado, de porte elegante, con el flequillo encanecido y algo alborotado por el viento de la tarde. Nos saludamos y decidimos trasladarnos de lugar para entablar nuestra charla. Mi casa está cerca y hacia allí nos dirigimos. Cigarrillos y agua con gas. No hay prisa, pero se impone mi interés por iniciar cuanto antes la partida. Entre neuronas anda el juego. Por aquí empezamos, veremos adonde llegamos.

BURLAR A LA MUERTE CON UN SOFTWARE

La neurona –dice–es una especie de procesador de la información. El enorme lapsus del conocimiento actual es saber cómo están unidas todas estas neuronas –el 100.000 millones–, y esto es determinante. Cada conexión tiene su sentido. Si uno desconecta todos los cables de un ordenador y luego se vuelven a conectar a voleo, eso no va a funcionar.

¿Cómo afectaría al comportamiento una conexión errónea de una neurona?

Provocaría un fallo del sistema inmediato. Las neuronas no se regeneran. Se van muriendo al cabo del tiempo y, más o menos, es un esquema parecido en todas las personas. Piensa que empezamos a perder neuronas a partir de los dos años. Cuando un niño empieza a andar da pasos torpes porque tiene demasiadas conexiones. Solo las que son efectivas se mantienen y las que no lo son, mueren. Solo sobreviven las neuronas funcionales. A partir de ese momento ya solo mueren las neuronas al ir degenerándose.

El Proyecto Conectoma es una iniciativa clave para conocer la conexión de todas las neuronas y arrojará luz sobre muchos trastornos del cerebro, como la esquizofrenia o el autismo. ¿En qué fase se encuentra?

Los neurocientíficos no creen que el primer mapa del Conectoma esté listo antes de 50 años, aunque es posible que, entre tanto, puedan surgir otras tecnologías que faciliten la tarea como la inteligencia artificial. Se supone que cuando dispongamos de un conocimiento exacto del funcionamiento de las células nerviosas y las conexiones sinápticas podremos descargar nuestra personalidad como si fuera un programa informático en otro soporte, ya fuera biológico, mecánico o virtual. Tendríamos así, al alcance de la mano la posibilidad de burlar a la muerte.




Tras esta afirmación siento un estremecimiento neuronal, por decirlo de alguna forma que venga al caso. ¿Será posible burlar a la muerte? Ciencia ficción al alcance de la mano humana. La eternidad como un concepto real. Los transhumanistas ya se han ocupado de ello con devoción. La conquista de la muerte sería posible cargando la mente o la conciencia humana a un dispositivo de ordenador cuyos componentes podrían ser reemplazados permanentemente para, de esta forma, eludir la guadaña del tiempo. El término que usan es mind uploading.

El profesor Orbe liga su discurso con un temple inquietante pero para mí ha llegado el momento de cambiar el agua con gas por otro trago de más calibre. Aguanto el tirón y no quiero ir tan deprisa en mi ansia de conocimiento. Volvamos a las neuronas.

¿Por qué no se regeneran?

Porque una neurona tiene su propia historia. No se crean nuevas neuronas pero sí se crean nuevas conexiones. Aprender es crear nuevas conexiones, reforzar las conexiones existentes. ¿Qué ocurriría si sustituyéramos una neurona por otra? pues que la nueva neurona no sabría que conexiones emprender. Alguien o algo debería enseñarle, y eso no va a ocurrir.

¿Adonde van las neuronas que mueren?

Cuando una neurona se muere, se muere y ya está. Pero una de las inmensas cualidades del cerebro es su plasticidad, es capaz de suplir un determinado déficit con un proceso de adaptación. Cuando uno pierde una mano, esa función se puede sustituir con la otra mano, o con la boca o los dedos de los pies, por ejemplo. Eso no es capaz de hacerlo todavía un ordenador, que fuera configurable, tolerante a fallos. Los ordenadores no lo son y los cerebros sí. En el cerebro se crean nuevas conexiones, cambia todo el rato, cada segundo. Mueren unas conexiones y nacen otras o se refuerzan. Es un laboratorio en permanente funcionamiento.





¿Y somos mejores o peores en función de la calidad de las conexiones de nuestras neuronas?

Es un asunto distinto. En este caso el cerebro es como una máquina, como un ordenador. Que la máquina sea mejor o peor depende, sobretodo, de un juicio moral. Como especie tenemos la tendencia a ser buenos, solidarios, a tener empatía, a cooperar. Considerar la bondad o la maldad de las acciones es, más que nada, un aspecto moral. Otra cosa es que sí es posible que, desde el origen, haya cerebros que tengan déficit de empatía o sean más sensibles a determinado tipo de adicciones, como las drogas.

AL CIELO NO VAN LOS BUENOS, VAN LOS INTELIGENTES

La idea del origen biológico del bien y el mal, asunto grave en el que han reparado pensadores de todos los tiempos. Se cruza ahora el análisis del filósofo francés Julien La Mettrie (1709–1751) cuando aseguraba que la naturaleza nos ha creado a todos únicamente para ser felices. Por este motivo ha dado a todos los animales una porción de la ley natural: un sentimiento que nos enseña lo que no debemos hacer porque no quisiéramos que se nos hiciera a nosotros. Pero en el recuerdo también revolotea Terence Mckenna, uno de los grandes catalizadores de la conciencia sicodélica, quien, sacudido de preceptos morales, aseguraba que no son los buenos los que van al cielo sino los inteligentes. Puro transhumanismo, tener la ciencia al lado de uno otorga cierto poder. En este momento crucial enlazo con uno de los capítulos del libro de Antonio Orbe, el que se refiere al cerebro criminal.

 ¿Qué procesos lo configura?

En este caso me refiero a la sicopatía en la que no tienes la capacidad de empatía, de ponerte en el lugar del otro, de no sufrir con el otro. Si alguien disfruta con el dolor ajeno –sadismo– su cerebro está viciado y sus procesos no funcionan como debieran. Esto tiene que ver mucho con el aprendizaje, no está claro que sea una condición genética, sino más bien tiene que ver con el desarrollo del individuo en un entorno determinado de crueldad y abusos.



En este momento, ante el estridente dilema del bien y del mal y del poder del cerebro para imponer el destino, dulce o siniestro, de nuestra existencia me dejo llevar dulcemente narcotizado por el pensamiento poderoso y rotundo, divino, fuera de la carne, con trazas de hereje y punky de un escritor rumano que se llama Mircea Cartarescu del que rescato un apunte asombroso y clave de entre las páginas de su magnífico libro Cegador que, sin duda, te deja ciego: “Clasificarlo todo, arrojar las neuronas inviables allí donde están las lágrimas y el crujir de dientes y construir con las neuronas perfectas un nuevo cerebro fantástico, universal, cegador gracias al cual, inconscientes y felices, subiríamos un escalón más en el fractal del ser eterno. ¿Pero y las inviables? ¿Y el espíritu y el alma y las sensaciones de los criminales y los pecadores? ¿No formarían también un cerebro infinitamente depravado, un monstruo a la vista del cual el de Leonardo, compuesto por las partes más horrorosas de las criaturas de las tinieblas, tendría la belleza de un arcángel? ¿Y no se prolongaría así, también en el mundo superior, la bestia antigua, la bestia de siempre? Porque la tortura eterna, el tormento infinito que es la maldad, las lágrimas y el crujir de dientes debidos a la incapacidad de ser buenos ¿no son también una existencia? ¿Y como existencia no son también de inconmensurable belleza?”

Si estuviera peleando habría sentido la cita como un crochet de plomo que estalla en la mandíbula, el cerebro bailando entre las paredes del cráneo, pero solo beso a chicas guapas y la lona del ring no lo es. Así que me mantengo en pie, bailando ciego como una mariposa. Y siempre suena una campana.

¿Cómo individuos que somos, en cada uno de nosotros las moléculas influyen de una manera distinta?

Cada uno de nosotros tiene sus propias conexiones, las conductas son distintas y reaccionamos y aprendemos de forma diferente. Los niveles de organización son importantes, pero entender la conducta en términos de moléculas –neuronas y sinapsis– es imposible. En términos muy básicos se puede entender fácilmente que si tomas alcohol o drogas la conducta se altera, lo que ocurre es que no es posible explicar la conducta en términos moleculares.

¿El cerebro es el ordenador de nuestras funciones, pero a la hora de fabricar un ordenador se siguen las reglas y los procesos del funcionamiento del cerebro?

El cerebro, nuestro cuerpo, es una máquina complejísima. Cuando el hombre empezó a crear ordenadores éstos hacían funciones sencillas y según se van complicando empezamos a comprobar las analogías con el cerebro humano. Es cierto que ambos –ordenador y cerebro– son procesadores de información, en ese sentido son similares, pero ¿en qué medida los ordenadores copian al cerebro? Difícil cuestión porque aún esto no está ocurriendo. Pensemos que los ordenadores no hacen nada que los humanos no les hayamos dicho que hagan.

COPIADORES DE CEREBROS

Según se complica el asunto crece su interés. El profesor Michael Anissimov escribe en la revista H Plus un provocador artículo sobre los beneficios de subir una mente a una computadora. Y ahí tenemos el ambicioso proyecto (Human Brain Project) liderado por Henry Makram. Se ha impuesto lograr que uno de los pasos conducentes para crear una copia de un cerebro específico es copiar un cerebro humano con toda su complejidad. El escalofrío aumenta su carga con los beneficios que, según Anissimov, se obtendrían de poder cargar una mente a una computadora. Cito algunos de ellos:

Crecimiento económico masivo: eliminación de la pobreza –no se necesitarían alimentos.
Aumento de la inteligencia.
Mayor bienestar subjetivo.
Tiempos de vida indefinidos: si nos convertimos en un software podemos tener siempre un respaldo que sea restaurado. La llave para trascender la enfermedad, el dolor y hasta la muerte, como indicaba antes. Un tecno-coqueteo con la inmortalidad que para algunos detractores entreabre una caja de Pandora que amaga robar el fuego de Prometeo e invoca al engendro del Dr. Frankenstein.
Vuelvo con el profesor Orbe que sigue tan tranquilo, fumando con pausa y al que le divierte la inquietud que suscitan en mí el torrente de posibilidades futuras, ¿imposibles?, que nos brindan los progresos de la neurociencia.

“ESPERO QUE NO SE NOS VAYA DE LAS MANOS LA TECNOLOGÍA Y LOS ORDENADORES CUMPLAN LAS LEYES DE ASSIMOV Y SIRVAN PARA NUESTRO BENEFICIO Y NO NOS HAGAN DAÑO”

¿Los ordenadores llegarán a ser más inteligentes que los humanos?

Una vez más ahí entramos en el terreno de la ciencia ficción que tiene que ver con la filosofía cuando se plantean experimentos mentales a los que, por el momento, la ciencia no puede dar solución. ¿Qué ocurrirá si….? Mira, existe el problema de los celos, los celos del hombre ante la máquina. Cuando Gary Kasparov jugó contra la máquina Deep Blue, el campeón de ajedrez jugaba con la bandera rusa y la máquina jugaba con la bandera americana. El duelo se celebró en Estados Unidos, pues bien, todos los americanos que asistieron al acontecimiento iban con el ruso. ¿por qué? Porque Kasparov era un humano y la gente recelaba del ordenador. En alguna medida tenemos miedo a las máquinas porque son capaces de hacer cada vez más cosas. ¿Y hasta qué punto las seguirán haciendo? No le veo límite. Tendríamos que ser capaces de controlar su poder porque el asunto se nos podría ir de las manos. Hay un momento clave, en el que todavía no estamos, en que los ordenadores puedan ser autónomos, que puedan tomar decisiones propias. Aunque, ojo, debe llegar un momento en que sea preciso que las máquinas tomen sus propias decisiones sin supervisión. Por ejemplo, el coche que circula sin conductor. A este coche hay que aplicarle una cierta moral porque hay unas reglas que hay que respetar, la decisión de frenar según en que momento, por ejemplo. Si se cruza un perro en la carretera se recomienda no frenar porque se puede originar un choque en cadena o algo peor. Pero ¿y si se cruza un ser humano? Ahí está el dilema moral, tan subjetivo. Ni siquiera los humanos tenemos claro los mecanismos por los que transita la moral.

Reparemos en el título de su libro: Cerebro y ordenador. ¿Mundos convergentes?

Creo que no son convergentes. ¿Cómo va a ser el futuro? Los ordenadores cada vez van a ser más inteligentes. Llegará un momento en que estén dotados de la posibilidad de la conciencia. Y más que convergentes con el cerebro yo creo que los ordenadores tendrán un viaje paralelo. La inteligencia humana no crece, evolucionamos a un ritmo lento. Estoy convencido de que nos van a ganar en un número creciente de tareas y puedo decir que dentro de no mucho tiempo serán más inteligentes que los humanos.

¿Llegarán los ordenadores a tener la capacidad de crear vida humana?

 Sin duda, teóricamente no le veo ninguna complicación. La creación de cadenas de ADN ya es cortar y pegar, podremos crear bacterias con un diseño de ordenador y los humanos ya estamos empezando a crear organismos que antes no existían. Cuando exista un ordenador que sea suficientemente capaz de hacer ese mismo proceso, creará una cadena de ADN y luego evolucionará como humano.

¿Las máquinas dominarán el planeta?

No lo sé, es ciencia ficción de nuevo pero tendremos que ponerle coto nosotros. Hay algo que con frecuencia olvidamos, estamos en 2014, ¿Cuándo serán los ordenadores más inteligentes que los humanos?, no sé, ¿en el 2040, 2060..? pero después llegará el año 2100 y el 2150 y sí, ocurrirá, aunque nosotros no lleguemos a verlo. Lo que está claro es que no somos tan inteligentes en la misma proporción que lo están siendo los ordenadores. Somos seres biológicos que estamos sujetos a leyes biológicas y no hay forma de cambiar esto. Espero que no se nos vaya de las manos la tecnología y los ordenadores cumplan las leyes de Assimov y sirvan para nuestro beneficio y no nos hagan daño.



Llegados a este punto, uno con menos resuello que el otro, me levanto y me asomo al balcón. Es noche estrellada y sopla viento fresco de la sierra, una calada honda al cigarrillo acentúa el hormigueo que recorre todo mi cuerpo. En la calle la gente pasea tranquila y de un bar cercano escapa un ritmo de cha-cha-cha mientras dos amantes se besan a lo lejos. Me despido del profesor y antes de dar un paso decido refugiarme –casi acurrucarme– en unas notas del doctor Gelernter, de la Universidad de Yale: “La brecha entre la computadora y el ser humano es permanente, nunca se salvará. Las máquinas seguirán haciendo la vida más fácil, más saludable, más gratificante e interesante. Pero los seres humanos seguirán preocupándose en última instancia por las mismas cosas de siempre: por ellos mismos, por los demás, y en el caso de muchos, por Dios. En lo que a esto respecta, las máquinas nunca conseguirán dominarnos. El cerebro es una máquina capaz de crear un YO. El cerebro puede imaginar, y las computadoras no”.

Y yo voy y me lo creo.

lunes, 2 de junio de 2014

Manipulando las neuronas de gusanos con la luz

Una nueva investigación ha sido capaz de modificar genéticamente neuronas del gusano Caenorhabditis elegans para que respondan a pulsos de luz. De esta manera, con simples destellos, mueven al animal a su antojo. El aparataje necesario para conseguirlo es sumamente complejo.


Caenorhabditis elegans (C. elegans) es un viejo conocido. Sabemos su conectoma completo: sus 302 neuronas y sus casi 7.000 sinapsis. Sabemos su genoma. Es uno de los animales favoritos de investigación en muchas áreas de la biología y la neurociencia.
El equipo liderado por Sharad Ramanathan ha publicado un artículo en Nature en el que describe cómo son capaces de manipular las neuronas del gusano. En realidad es una extensión de un trabajo que llevan tiempo realizando. En el pasado eran capaces de hacerle poner huevos o que avance o se detenga. Ahora pueden dirigir su movimiento hacia una comida inexistente.
El experimento está basado en la optogenética. Esta fabulosa técnica consiste en manipular genéticamente algunas neuronas. Por un lado se inserta un gen que hace que la neurona se haga fluorescente cuando se excita. También se puede introducir un gen distinto que hace que la neurona se excite cuando recibe un pulso de luz. Dado que el gusano es transparente, todo ello resulta posible.
Uno de los aspectos más fascinantes del experimento es que el gusano se mueve en libertad mientras está siendo manipulado. Y solo se excita la neurona que deseamos.
Si podemos comprender un sistema nervioso relativamente sencillo hasta el punto de controlarlo completamente, significa que tenemos posibilidad de llegar a entender sistemas más complejos
Los resultados nos dan un buen marco para comprender los circuitos neuronales, cómo manipularlos y qué patrones de actividad reproducir en ellos
Hasta el momento, para comprender la función de una neurona o un grupo de ellas, había que extirparla o estudiar un mutante que careciera de ellas y ver lo que el animal dejaba de hacer.
La pregunta que queríamos responder era: en lugar de romper el sistema para entenderlo, podemos hackear las neuronas clave que son suficientes para controlar el comportamiento y usarlas para obligar al animal a hacer lo que nosotros queremos?

El sistema para lograrlo es muy complejo. El animal se mueve libremente, es muy pequeño y varias neuronas se empaquetan muy juntas en la cabeza. De modo que hay que obtener un vídeo en movimiento , procesar las imágenes, identificar la neurona, seguir al animal, posicionar el láser y disparar a una neurona en concreto. Todo ello en 20 milisegundos.
El resultado fue que bastaba con manipular un par de interneuronas para guiar el comportamiento del animal.
La optogenética es una deslumbrante técnica que apenas acaba de comenzar a mostrar los resultados de los que será capaz.

lunes, 19 de mayo de 2014

Los ordenadores también son expertos en arte

Los ordenadores ya son capaces de asignar pinturas a estilos artísticos. También pueden reconocer bocetos dibujados por personas. Otra tarea más en la que superan el test de Turing.

En un artículo anterior postulé mi particular formulación del Test de Turing para tareas:
Un ordenador supera el Test de Turing para una tarea X cuando un juez humano no pueda distinguir entre un concursante humano y un concursante ordenador ejecutando la tarea X
Un grupo de la Universidad de Lawrence en Michigan ha desarrollado un programa que es capaz de analizar distintos cuadros de la historia universal y agruparlos en estilos según sus similaridades. El programa realiza la tarea mejor que los humanos no entrenados.
Se expusieron 1.000 cuadros de 34 artistas bien conocidos. El resultado casa bien con la percepción de los expertos en arte.
Agrupó los cuadros en dos grupos, clásicos y modernos. Dentro de estos grupos fue capaz de encontrar similitudes entre Gauguin y Cézanne, post-impresionistas, entre los surrealistas Salvador Dali, Max Ernst, y Giorgio de Chirico, entre los representantes del Alto Renacimiento como Raphael, Leonardo Da Vinci y Michelangelo o barrocos como Vermeer, Rubens y Rembrandt.
El programa estudió hasta 4.000 parámetros que describían características de los cuadros como la textura, el color o la forma. En conjunto es un excelente ejemplo de los campos a los que se está aplicando la Inteligencia Artificial IA.


Otro programa, esta vez desarrollado por las universidades de Berlin y Brown (Providence, EE.UU), es capaz de reconocer bocetos y averiguar de que objeto se trata.
Se establecieron 250 categorías y se usaron 20.000 bocetos. El programa fue capaz de realizar la identificación correcta en el 56% de los casos, algo por debajo de los humanos que alcanzaron un 73% de éxitos.
Usando crowsourcing reclutaron personas que fueran dibujando los bocetos. El sw es capaz de reconocer los objetos según se están dibujando. Hay incluso una versión para iPhone llamada WhatsMySketch.
La recogida de datos es la única manera para conseguir el aprendizaje de las máquinas. No hay manera de aprender a reconocer bocetos de leones basándonos en un algoritmo inteligente. El algoritmo necesita ver cerca de 100 ejemplos de cómo la gente dibuja los leones para ser capaz de distinguir estos animales de plantas en macetas.
Como ocurre cada vez más a menudo, el sw puede usar la experiencia de los usuarios. Así como Google usa tu actividad para refinar sus algoritmos (búsqueda, reconocimiento de voz…) el nuevo sw puede utilizar el input de los usuarios para mejorar su eficacia.
El reconocimiento de patrones visuales ha dejado de ser una facultad exclusiva de los humanos tanto si lo dibujado es el boceto de un conejo como un cuadro de Goya.

lunes, 28 de abril de 2014

Debate en Radio3 Fallo de sistema: Desmontando a Kurzweil 01

El pasado domingo 27 de abril el programa Fallo de Sistema de Radio3 dirigido por Santiago Bustamante emitió un debate sobre las predicciones de Raymond Kurzweil
Ya está disponible el podcast.


"El inicio del siglo XXI marca el comienzo del periodo más interesante y transformador que la humanidad haya conocido: la liberación del ser humano de sus cadenas biológicas y la consagración de la inteligencia como el fenómeno más importante de nuestro universo. A medida que esta transformación se vaya convirtiendo en realidad, nuestra especie también se enfrentará a nuevos retos jamás antes planteados: un increíble aumento de la inteligencia no biológica, la inmortalidad y un proceso científico sin precedentes". Futurista, inventor, director de la ingeniería de Google, apóstol de la singularidad, de la inmortalidad, el transhumanismo y posthumanismo, Raymond Kurzweil lleva décadas desafiando con sus ideas a lo que conocíamos hasta ahora asentando un nuevo punto de evolución sin retorno: la fusión del hombre con la tecnología, de nuestra memoria con una artificial y de la consiguiente superación de nuestros límites biológicos. Por todo ello, y con la publicación de dos libros recientes (La Singularidad está cerca y Cómo crear una menteLolaBooks), vamos a intentar desmontar-analizar las teorías de Kurzweil en una serie de programas especiales que comienzan hoy y que incorporan varias disciplinas para ayudarnos a su comprensión: Miguel Maravall, del Instituto de Neurociencias de AlicanteMarti Sanchez-Fibla investigador en temas de robótica y neurociencia del grupo SPECS de la Universidad Pompeu Fabra Antonio de Orbe, autor del libro Cerebro y Ordenador ¿mundos convergentes? son nuestros elegidos hoy en este "gabinete de crisis sobre la singularidad" convocado por Fallo de Sistema. Un asunto que completamos desde los otros mundos con Inma Leragui un recorrido a través del manga de ciencia ficción para ayudarnos a comprender mejor conceptos como la felicidad y la conciencia y que también son muy importantes en el nuevo escenario de la singularidad…










lunes, 21 de abril de 2014

La agresión, motor de la evolución humana y el canibalismo, práctica común

La evolución humana ha sido posible por múltiples causas que incluyen el lenguaje y la cultura. Pero la agresión y el conflicto ayudan a explicar el rápido desarrollo de nuestras capacidades. Paralelamente, los casos de documentado canibalismo aumentan.


Los restos humanos encontrados en la cueva de Gough en Inglaterra son muy elocuentes. Hace 14.000 años (ayer como quien dice) los humanos se comían a sus congéneres en unas sofisticadas prácticas. Anteriormente se habían encontrado huesos humanos entre huesos animales que indicaban que ambos eran plato común en la dieta de otros humanos. En Inglaterra, los signos son más evidentes. Los comensales usaban piedras para filetear la carne de sus víctimas y machacaban los huesos para obtener el tuétano de su interior. Pero más revelador aún, los huesos contenían marcas de dientes lo que no ofrece duda sobre el final de los muertos.
Sin embargo, los cráneos estaban en buen estado con evidencia de haber sido vaciados de su contenido. Todo indica que el destino de los cráneos era fabricar copas para beber. De este modo el canibalismo no solo era una práctica alimentaria sino sobre todo ritual. Un rito y unas creencias que desconocemos.
Otra publicación reciente habla de la práctica de comernos a nuestros congéneres. Esta vez es en el rico yacimiento de Atapuerca. El Homo antecessor, que habitó en la Gran Dolina, Burgos, España, vivió hace mucho más tiempo, 800.000 años y se cree que pudo ser precursor de los neandertales.
Entre los restos encontrados hay huesos de 11 individuos de corta edad mezclados con huesos de otros animales. Los investigadores comparan el canibalismo de Homo antecessor con la conducta actual de los chimpancés que en determinadas ocasiones se comen a sus congéneres.
Utilizamos una analogía con la conducta de estas primates para proponer que los homínidos de TD6 llevaban a cabo ataques de bajo riesgo sobre miembros de otros grupos para defender el acceso a los recursos dentro de los propios territorios y tratar de ampliar estos espacios en detrimento de los grupos vecinos
Pero en aquellos tiempos despreciar el cuerpo de un tierno humano era una mala idea. Mejor comérselo. De modo que por guerra, ritual o hambre, comernos a nuestros semejantes ha sido práctica común en nuestra corta historia.
Lo de corta tiene sentido porque es imposible encontrar una evolución más rápida que la humana. Nos separamos de la línea evolutiva de los chimpancés hace 5 millones de años. Lucy, el famoso fósil de Etiopía vivió hace 3 millones de años. La diferencia básica y por la que se la considera precursora del hombre es que andaba sobre dos piernas, pero su cerebro era equivalente a los chimpancés, medio litro. Desde entonces el cerebro se ha multiplicado por tres hasta alcanzar el volumen actual de 1,5 litros.
Muchos elementos han contribuido a la evolución humana. Bajar de los árboles, llevar una vida en grupo, el pulgar oponible, la bipedestación, el lenguaje y la cultura. Pero la agresión parece ocupar un papel esencial. No en vano todos nuestros antecesores han desaparecido.
En épocas de bonanza la población se extendía. Cuando llegaban los malos tiempos, las poblaciones se fragmentaban quedando reducidas a pequeños grupos. Estos grupos evolucionaban genéticamente por separado. Cuando llegaban de nuevo los buenos tiempos, las poblaciones, antes separadas, volvían a juntarse. Y al ocupar espacios próximos, se peleaban y hacían desaparecer a los que en ese periodo habían evolucionado menos. Así durante tres millones de años acelerando la evolución.
La cultura ha sido un motor fundamental en nuestra evolución, pero posiblemente también la agresión y el conflicto. Y si estás hambriento, ¿quién puede rechazar un manjar bien servido aunque se trate de un primo tuyo?