lunes, 20 de febrero de 2017

La Inteligencia Artificial y los Recursos Humanos, juntos, suman y no restan

La inteligencia artificial no reemplaza a las personas, sino parte de las tareas rutinarias que éstas realizan, lo cual permite, además de optimizar el tiempo, aumentar las capacidades humanas. Es una de las conclusiones a las que se llegaron el pasado viernes 3 de febrero, durante el Breakfast for Learning «Inteligencia Artificial y RRHH: de la automatización del trabajo a una nueva gestión del talento», un evento celebrado en La Salle Campus Madrid y organizado por LIDlearning y La Salle International Graduate School.



Tras un desayuno que dejó tiempo para el networking, el aula magna del campus de La Salle en Madrid comenzó a recibir a los primeros asistentes. Con el cartel de aforo casi completo y pasadas las 10 de la mañana, Jesús Alcoba, Director de la Escuela de Negocios de La Salle, daba la bienvenida tanto a los oyentes como a los ponentes, a los cuales agradecía su contribución para poder entender el impacto que la inteligencia artificial está teniendo en la gestión del talento.
Poco más tarde, cedía la palabra a Felip Bonilla, Director de LIDlearning, que señaló “la importancia de que existan eventos y programas formativos para superar las amenazas y la visión negativa que aporta el desarrollo de las nuevas tecnologías”. A continuación, se ocupó de presentar a los verdaderos protagonistas de la jornada: Antonio Orbe, experto en inteligencia artificial y Director del Máster en Dirección de Empresas DigitalesRaquel Roca, experta en el futuro del trabajo y Directora del Máster en Gestión del Talento en la Era DigitalPedro Suja, Head of Cognitive Technologies en el BBVA; y Cristina Villanova, Corporate Managing Director en Catenon Worldwide Executive Search.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL: APLICACIÓN Y USOS EN LA EMPRESA

Llegó el turno de Antonio Orbe. Como experto en inteligencia artificial, pasó a describir qué es ésta, cómo se desarrolla y qué amenazas trae consigo. “Divido la inteligencia artificial en dos partes: simulación e imitación funcional. La primera pretende simular el cerebro humano en su totalidad, tal y como es y tal y como funciona. La segunda, imita las funciones del cerebro”, destacó Orbe.
Por otro lado, el Director del MDED, analizó las tareas que un ordenador es capaz de hacer (matemáticas, contabilidad, música, reconocimiento de voz, reconocimiento de caras, redacción de noticias, coche sin conductor…), a la vez que señaló que “los humanos tendemos a considerar que algo no requiere inteligencia cuando un ordenador es capaz de hacerlo“. ”Para los ordenadores lo fácil del cerebro es difícil y lo difícil fácil. Es más fácil automatizar tareas que tienen que ver con el pensamiento que con la actividad motora. Por ejemplo, es imposible automatizar la función de un camarero, pero sí las de un CEO“, zanjó el experto en inteligencia artificial.
Además, el autor de ‘Una mirada al futuro’ hizo referencia al entrenamiento de las máquinas. ”Somos los usuarios los que entrenamos a los ordenadores sin saberlo“, apuntó, “de tal forma que al final se produce una democratización del conocimiento“. A su vez, destacó que “el entendimiento del lenguaje natural es el mayor reto al que se enfrenta la inteligencia artificial“. Para terminar, Antonio Orbe sentenció que “hoy, la inteligencia artificial es un pequeño ejército de hormiguitas que sustituyen tareas, más que puestos de trabajo“.
Posteriormente, salió a escena Pedro Suja, responsable de inteligencia artificial en el BBVA, para contar el caso de éxito de su empresa en cuanto a usos de inteligencia artificial. ”El ser humano, desde que es ser, siempre ha intentado automatizar todo”, expresó Suja, que señaló los 3 motivos por los que BBVA apuesta por la automatización. “Queremos automatizar para vender más, mejorar la experiencia del usuario y reducir costes“, aclaró.
En este sentido, Suja mostró que los objetivos del BBVA con el uso de la inteligencia artificial durante el año 2017 son: diseñar mejores modelos, obtener más datos, mejorar la tecnología y conseguir mayor colaboración. También nos enseñó el “Sistema de Ayuda en Oficinas, un sistema de inteligencia artificial que combina preguntas y respuestas en lenguaje natural” y que ya está en uso actualmente.
Para terminar, compartió con todos los asistentes algunas preguntas que le preocupan sobre el futuro de las personas y los robots, a la vez que dijo que “tenemos dependencia de los robots y cuando hace algo un ordenador ya no lo hacemos nosotros”.
Tras las reflexiones de Pedro Suja, le tocó el turno a Cristina Villanova, que explicó el caso de éxito de Catenon, una empresa global especializada en selección que utiliza las nuevas tecnologías y herramientas inteligentes para la captación de talento. “En selección avanzamos hacia modelos disruptivos. La movilidad del talento se ha multiplicado por 7 y hay un déficit de talento a nivel mundial. La competición es sobre un escenario global, por lo que la gestión del talento se complica”, sentenció Villanova.
En este contexto, se hace imprescindible contar con modelos tecnológicos para gestionar el conocimiento y conectar en tiempo real. “Hoy la BBDD es Internet y el headhunter que gana es el que utiliza la tecnología más eficiente”, señaló la experta, que destacó la importancia de la huella digital de los candidatos y la existencia de modelos colaborativos para analizar la presencia de las personas en las redes sociales.

REFLEXIONES DEL FUTURO: CARENCIAS Y OPORTUNIDADES

Una vez vistas las ponencias de Antonio Orbe, Pedro Suja y Cristina Villanova, tuvo lugar una mesa redonda moderada por la periodista Raquel Roca, experta en el futuro del trabajo y en la gestión del talento. Algunas de las ideas que se desprendieron durante el debate y las preguntas que el público lanzó son:
- El nivel de directores y CEO con presencia en redes sociales es bajísimo.
- Hay que trabajar la marca online, porque es el sello de identidad de cualquier individuo.
- Muchas empresas no están al día en herramientas de gestión del talento.
- Es mejor hablar de procesos con modelos entrenados por usuarios, que de humanos y robots.
Alrededor de la 13h, Lola Mora, Directora de la Universidad Corporativa de La Salle, ponía fin al encuentro, que dejó paso a un debate que hoy continúa en las redes sociales y que unió a profesionales de RRHH de diferentes empresas, directivos, consultores y alumnos de los programas que LIDlearning imparte junto con La Salle IGS.
Durante el evento, el hashtag utilizado para la difusión del mismo en la red social Twitter, #InteligenciaArtificialyRRHH, se convirtió en Trending Topic en España, logrando el mayor alcance de una acción de LIDlearning hasta la fecha.

VÍDEO-RESUMEN DEL EVENTO

jueves, 9 de febrero de 2017

El trabajo no dignifica

A la mayoría de las personas no les gusta su trabajo. Vivimos en una contradicción: queremos trabajar y solo esperamos el momento en que termina la jornada. Deberíamos replantearnos por completo el empleo moderno y prepararnos para un mundo de ocio.


Los robots nos robarán el empleo y ello nos causa una gran consternación. ¿Qué haremos sin trabajo? ¿A qué dedicaremos nuestro tiempo? ¿Se puede ser feliz sin trabajar? Aparte de dinero, ¿da el trabajo satisfacciones? ¿Dignifica? Sin trabajo, ¿caeremos en la pereza y en la inactividad llevando una vida anodina? ¿Somos capaces de tomar el control de nuestra vida sin que nadie nos diga qué hacer durante muchas horas diarias?

Un futuro en el que las máquinas realicen el trabajo humano y mecanismos redistributivos, como la Renta Básica Universal, aseguren la satisfacción de las necesidades básicas puede resultar utópico o distópico según la actitud que tomemos y nuestros recursos personales.

Estamos tan acostumbrados a considerar el trabajo algo imprescindible para la realización personal que apenas podemos pensar en un mundo sin él. Pero no siempre ha sido así. En la antigüedad el trabajo era algo indigno propio de los esclavos. Según Herodoto el desprecio al trabajo estaba arraigado en los griegos, egipcios, persas o árabes. Las personas libres debían dedicarse al ocio, mientras que su negación, el negocio, era propio de los infelices. Y los romanos, que consideraban arte a todo buen hacer, llamaban sórdidas artes a los oficios.

El trabajo tiene una recompensa evidente: el salario. Se supone que además dignifica, permite al ser humano desarrollar sus potencialidades. Además nos hace sentirnos útiles, ser provechosos para la comunidad. Y ello nos hace sentirnos integrados. En muchos casos además socializa y nos pone en contacto con otras personas. Y aumenta nuestra autoestima.

No trabajar, por el contrario, tiene consecuencias negativas. No tenemos ingresos ni acceso a muchos recursos que deseamos. Somos dependientes de otros como el Estado, los subsidios o la familia. No sentimos culpables y marginados.

Pero lo cierto es que la mayoría de las personas detesta su trabajo. La empresa de encuestas Gallup realizó un estudio en 2012 en 142 países. Los resultados son demoledores. Sólo el 13 % está interesado en su trabajo, 1 de cada 8 empleados, unos 180 millones de personas en el mundo. Por el contrario, el 63 %, unos 900 millones de personas, se encuentra desmotivado por su trabajo y el 24 %, unos 340 millones, lo detesta.

Quizá el lector de este medio y otras muchas personas disfruten con su trabajo, pero son una minoría. Basta fijarse en los trabajos que vemos a nuestro alrededor, en la actitud de muchos trabajadores y en las características de la mayoría de los trabajos para entenderlo. El trabajo aliena. Es una rutina que el trabajador aprende a realizar una tarea al principio de su vida laboral y continúa haciéndola durante años. En última instancia la gente trabaja solo por dinero. En palabras de Larry Page, CEO de Google: “A nueve de cada diez personas no les gusta lo que hacen. La idea de que todo el mundo debe realizar su trabajo servilmente y hacer cosas ineficientes para conservar su empleo no tiene ningún sentido. Ésa no puede ser la respuesta”.

Aceptemos por un momento la idea nada descabellada (de hecho la mayoría de las personas en el mundo no trabajan) de que los esclavos modernos, las máquinas, harán el trabajo y tendremos recursos suficientes para subsistir. Viviremos ociosos. Contra lo que pudiera parecer, el ocio no es sencillo. Disfrutar de una vida libre a nuestra completa disposición no es tan fácil. Como decía Keynes, hemos sido entrenados demasiado tiempo para luchar y no para disfrutar. Y cuando llega el tiempo libre para nosotros no siempre sabemos qué hacer con él.

Nos han educado para trabajar. Y en términos generales, trabajar significa obedecer órdenes. Se prima la rutina frente a la creatividad, la obediencia frente a la iniciativa. Y, abandonados a nuestra suerte, no sabemos qué hacer. Afortunadamente, o no, surgen instrumentos que nos permiten seguir viviendo sin pensar demasiado. El más importante la televisión. Y también el consumo de sustancias que aplanan la vida: el alcohol y las drogas. Así, adultos y jóvenes ven pasar la vida en un mundo que no es el suyo.

Ser libre no es sencillo. Disponer por completo de la vida propia es cansado. Lo fácil es delegar, dejarse llevar. Y quejarse. El mundo ha cambiado, pero no la educación. No formamos a las personas para ser libres, para llevar una vida plena, para hacerse cargo de su destino. Las formamos para un mundo basado en un recurso de escasez creciente: el trabajo. ¿No deberíamos empezar a educarnos para la libertad y el ocio?

Artículo publicado en bez

lunes, 23 de enero de 2017

2017, el mejor año de la historia

El mundo mejora en casi todos los aspectos, en casi todos los lugares. En la práctica nada impedirá que 2017 sea el mejor año de la humanidad




Escuchando las noticias nada parece indicar que el mundo mejore; el catálogo de desgracias y amenazas que se ciernen sobre la humanidad se muestra aterrador. Sin embargo, los medios no son el mejor lugar desde el que observar la evolución del mundo. Las buenas noticias no interesan, es aburrido hablar de la vida de la mayoría de los ciudadanos que come, sale a la calle, habla con sus semejantes, no sufre violencia y lleva una vida razonablemente apacible. Las historias de la literatura o el cine apasionan porque el héroe sufre, duda y está a punto de ser derrotado. El gran protagonista de la ficción es el mal.

Para juzgar la evolución del mundo de una forma objetiva hay que alejarse de los sentimientos y acudir a los datos, y estos son demoledores: todo muestra que el mundo mejora. En lo personal puede irnos mejor o peor y en última instancia todos acabaremos mal. Nada ha conseguido que la mortalidad humana varíe un ápice: sigue siendo el 100%. Pero esto es conocido y por tanto no es noticia. En palabras de Obama, este es el mejor momento de la historia para nacer.

En 2000, Naciones Unidas estableció los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio, un ambicioso programa que duró hasta 2015. Según Ban Ki-Moon, la movilización mundial tras los ODM ha generado el movimiento contra la pobreza más exitoso de la historia. La pobreza extrema ha pasado del 47 % en 1990 al 14 % en 2015.

Los datos sobre la evolución de la salud mundial son igualmente positivos. En plena guerra fría, el esfuerzo conjunto de EE.UU. y la URSS. consiguió la erradicación de la viruela. Otras pestes que asolaban el planeta llevan el mismo camino. En 2014, la OMS declaró erradicada la polio en India. En 2014, en Nigeria hubo seis casos. África y el mundo están a punto de acabar con la terrible enfermedad. Incluso la malaria está siendo severamente reducida en un 40% desde 2000.
La mortalidad infantil decrece, la esperanza de vida al nacer aumenta y lo mismo ocurre con las calorías por habitante (vinculadas con el hambre). Si el lector tiene más de 40 años considere que de haber nacido hace dos siglos habría fallecido antes de esa edad.

No sólo vivimos más y mejor. Estamos mejor educados. El incremento de alfabetización en el mundo deja la asombrosa cifra del 95 % de hombres y mujeres mayores de 15 años que saben leer y escribir.
Como consecuencia, el índice de desarrollo humano se ha elevado considerablemente. El HDI incluye esperanza de vida al nacer, educación e ingresos en PIB.

Si bien es difícil medir la situación de la mujer, algunas variables ayudan a comprender el avance en la igualdad de género, como el nivel educativo de las mujeres, la edad de casamiento o la edad en la que tienen el primer hijo. En todas estas variables los datos mejoran.

Estas mejoras no son cosas del mundo desarrollado, es justamente en los países en desarrollo como los asiáticos y africanos donde los avances son más sustanciales.

Las dictaduras eran lo común hace décadas (y desde luego siglos), pero eso ha cambiado y la democracia avanza en todas las regiones del planeta. Y la violencia es menor que nunca, sea entre personas, en guerras civiles o en conflictos entre países. La guerra es cosa del pasado. Hace Steven Pinker (autor de Los mejores ángeles de nuestra naturaleza) una reflexión muy llamativa: cuando escuchamos una historia de violencia, tendemos a pensar en lo bajo que puede caer el ser humano. En su lugar podríamos pensar en lo alto que hemos puesto nuestro umbral: multitud de comportamientos aceptables en el pasado hoy son del todo intolerables.

Incluso la superpoblación está dejando de ser un problema. Bangladesh tiene una tasa de fertilidad (número de hijos por mujer) de 2,5 que es justamente la tasa mundial, muy cerca de la estabilidad poblacional. La población máxima se alcanzará en 2100 con 11.000 millones, menos que el doble de 2000.

Casi el único problema en que empeoramos es la salud del planeta. El cambio climático y el deterioro de la Tierra siguen avanzando. Ha mejorado, eso sí, la conciencia global, pero no es suficiente, los
malos hábitos persisten.

No somos complacientes. Tenemos multitud de problemas y trabajo que hacer: el mundo no es y no será perfecto. Y siempre encontraremos áreas de mejora y problemas que antes no eran considerados como tales: la violencia o la desigualdad de la mujer antes eran lo normal y hoy son inaceptables.
Tan improbable como que un meteorito asole la Tierra es que estas tendencias globales cambien. Habrá retrocesos, pero los avances contra la pobreza, la violencia, en pro de la educación, la libertad, la democracia y el bienestar común hacen predecir que 2017 será el mejor año de la historia de la humanidad.

Artículo publicado en bez

lunes, 16 de enero de 2017

¿Es la Inteligencia Artificial lista o tonta?

La Inteligencia Artificial ¿Es una amenaza? ¿Contra qué o contra quién? ¿Contra el empleo o contra el mundo?

Tenemos una idea amenazadora sobre la Inteligencia Artificial IA derivada de las películas de ciencia ficción que consiste en un ser muy evolucionado que dominará el planeta. Pero también tenemos la contraria, la que viene de hablar a Siri o sus hermanos y, viendo lo lejos que están de comprendernos, concluir que solo son máquinas estúpidas. La realidad se sitúa en el punto medio: no está cercano el momento en el que la IA sea autónoma y todopoderosa, pero cada vez hace más cosas mejor que nosotros los humanos.



Empecemos por clarificar lo que hay detrás de la poderosa IA de películas como Terminator. Técnicamente hablamos de IAG, Inteligencia Artificial General, es decir, que sirve para un propósito general, que puede resolver cualquier problema. Nosotros los humanos somos una Inteligencia General que aborda cualquier cuestión, desde tomar un fruto de un árbol a escribir una carta. En buena medida los animales también lo son aunque su ámbito de resolución de problemas sea menor así como más limitadas sus respuestas.

Al temor generado por esa IAG planteada por las películas se ha unido la opinión de importantes científicos y pensadores, fans o denigradores de la IAG que son los transhumanistas y futuristas. Quizá el más conocido sea el fundador de la Singularity University, Ray Kurzweil autor de La Singularidad está cerca.

La tesis de la singularidad es sencilla. Según la ley de Moore, el crecimiento de la potencia de los ordenadores es exponencial. En algún momento (¿2045?) serán más inteligentes que los humanos. No podemos predecir lo que ocurrirá a partir de entonces, por lo que llamamos a ese momento la singularidad (término tomado de la física en casos como el big bang).

Otros como Nick Bostrom, autor de  Superintelligence se lo han tomado muy en serio y plantean comenzar con el control de la IAG antes de que sea tarde. Una IAG no tiene que ser mala para ser dañina como es el caso del maximizador de clips. Es una máquina cuyo objetivo poco amenazador es fabricar clips de papelería. Los diseñadores imbuyen toda la inteligencia que pueden en la máquina hasta hacerla muy inteligente. La máquina sigue su objetivo ciego de fabricar clips para lo que crea otras máquinas que fabrican clips hasta convertir el planeta en una fábrica de clips. O una máquina que para acabar con la enfermedad acabe con los humanos. O la fábula de los gorriones y el búho. Los gorriones están cansados y deciden buscar un búho para que trabaje por ellos. Uno más sabio dice: “¿no sería mejor saber cómo se domestica un búho?”. “No”, responden, “bastante difícil es encontrar un huevo, vayamos a ello”. Y así parten todos a buscar el huevo antes de solucionar el problema del control.

El número de ejemplos, situaciones paradójicas y películas sugerentes es inacabable. Pero seamos serios, ¿va eso a ocurrir pronto?

Una opinión muy autorizada es la de Andrew Ng, ingeniero de Google y  jefe científico de Baidu (el buscador chino). Según Ng, preocuparse del lado oscuro de la IA es como preocuparse de la sobrepoblación en Marte. “El principal problema que la tecnología ha supuesto durante siglos es su amenaza contra el empleo. Por ejemplo, hay tres millones y medio de camioneros en Estados Unidos. Creo que necesitamos que los líderes gubernamentales y empresariales hablen sobre esto y pienso que el énfasis en los malvados robots asesinos es una distracción innecesaria”.

Porque la IA es más bien una inteligencia concreta, limitada, pero que está demostrando ser muy eficaz en múltiples tareas. La IA es un conjunto de programas que poco a poco van automatizando funciones antes solo aptas para los humanos. Una vez que una tarea la realiza una máquina ya no la llamamos IA. Por ejemplo el ajedrez, o el reconocimiento de voz o el de imágenes. ¿Es el GPS del móvil IA? Hace unos años era una tarea imposible para una máquina, pero ahora ya no la consideramos IA.

Entre los ámbitos en los que la IA está evolucionando más cabe destacar el lenguaje humano. Pasar de voz a texto era en extremo complejo, pero ahora es rutina para muchas personas que dictan a su móvil. La nueva generación de traductores automáticos (basados en las redescubiertas redes neuronales presentes en muchas IA actuales) alcanzará pronto la eficiencia de los expertos humanos. Los nuevos chatbots responderán masivamente a nuestras peticiones en lenguaje humano.

El jefe no va a llegar un día a presentarte a Robby, el robot que te va a sustituir. Por el contrario, un enjambre de pequeñas IA habrán ido desempeñando poco a poco tus tareas hasta que seas prescindible. Esa es la amenaza. Y si piensas que se trata de neoludismo antitecnológico escucha lo que, sutil o abiertamente, dicen Barak Obama, Bill Gates, Larry Page, Elon Musk y otros líderes tecnológicos.

Publicado en Bez

viernes, 30 de diciembre de 2016

Amazon Go y el fin del trabajo

Amazon abrirá el próximo año la primera tienda física sin cajas, sin colas, sin esperas y, claro, sin empleados. La pregunta que nos asalta es ¿crea la nueva economía empleo?



La tecnología destruye empleo. Cuando una máquina desempeña con un nivel experto una tarea que antes solo podía hacer un humano, pronto el humano será sustituido. La máquina seguirá progresando y finalmente el humano solo volverá a realizar esa tarea por nostalgia, pero nunca por productividad.

Las empresas buscan la productividad y el beneficio. Al comprar un equipamiento tienen dos objetivos: hacer más de lo que hacían, por ejemplo, procesar más datos, conocer mejor el negocio y vender más, y reducir costes. Y el primer coste a reducir es el laboral. Entendida la productividad como producto o servicio final dividido entre número de empleados, la productividad siempre aumenta cuando introducimos máquinas. Cuando el número de empleados es cero ¿la productividad es infinita?

La teoría economía clásica afirma que la tecnología destruye empleo en un sector pero lo crea en otros. Hace dos siglos el 90% de la población trabajaba en el campo. Hoy solo lo hace el 2% que es capaz de alimentar al resto de la población con una enorme productividad. El empleo se desplazó de la agricultura a la industria y, después, de esta a los servicios. Cuando las nuevas máquinas sustituyan masivamente a los empleados humanos, ¿seguirán creándose empleos en otros sectores? ¿En qué sectores? ¿Serán suficientes para amortizar la destrucción de empleo?

Amazon es una de las empresas más exitosas de nuestro tiempo. Comenzó vendiendo libros online, continuó vendiendo todo tipo de artículos online, dominó y cambió el sector de la distribución: todos los competidores comprendieron que había que vender online o desaparecer. ¿Es Amazon un creador de esos nuevos empleos de los que hablamos? Se dice que por cada empleo que crea Amazon se destruyen cuatro en la economía tradicional. En buena medida porque Amazon es líder en el empleo de robots que desarrollan la mayoría del trabajo en sus automatizadas fábricas.   

Amazon Go es el siguiente paso de Amazon, además de la tienda virtual la tienda física. El gigante de la distribución acaba de anunciar que en 2017 abrirá su primera tienda. La novedad es que no tiene cajeros. El cliente entra con la app del su móvil, coge lo que quiere de los estantes y lo devuelve si cambia de opinión mientras la app va registrando sus compras. Cuando está satisfecho, simplemente sale de la tienda y la app le apunta la compra en su cuenta. Sin colas, sin cajas, sin cajeros. Para lograr tamaño prodigio, Amazon usa tecnología puntera en los campos de visión artificial, fusión de datos y aprendizaje profundo. Una serie de cámaras y sensores siguen al cliente por la tienda y registran sus movimientos. Amazon llama a esta tecnología Just Walk Out (Solo salga).

Aún no está todo claro acerca de  Amazon Go. La automatización no es total: la reposición de las mercancías las hacen personas y hay que saber cómo lucharán contra los robos. Pero parece que los problemas que puedan surgir se subsanarán y el futuro de las tiendas físicas cambiará para siempre.
Pero Amazon no es siquiera el ejemplo más extremo de la escuálida creación de empleo por parte de la nueva economía. Cuando Facebook compró en 2014 Whatsapp, la empresa de mensajería enviaba 50.000 millones de mensajes diarios a 450 millones de usuarios en el mundo. Esta gigantesca empresa tenía ¡cincuenta empleados!

Parece muy dudoso que la tecnología genere empleo en la misma medida que lo destruye como los casos de Amazon Go y Whatsapp evidencian. Aunque ha tardado en llegar es algo que predijo en 1930, en medio de la Gran Depresión, John Maynard Keynes que pronunció una conferencia en Madrid titulada Las posibilidades económicas de nuestros nietos. Entonces habló del desempleo tecnológico y la semana con días de tres horas de trabajo.

La tecnificación y el fin del trabajo traen otras muchas preguntas. ¿Para qué trabajar? ¿Aumenta la desigualdad? ¿Viviremos en un mundo más abundante? ¿Necesitaremos una herramienta redistributiva como la renta básica universal? ¿Qué hacer con nuestro ocio? ¿Cómo educarnos para un mundo nuevo?
Son todo cuestiones apasionantes a las que he tratado de dar respuesta en mi libro UNA MIRADA AL FUTURO. Inteligencia artificial, abundancia, empleo y sociedad y sobre las que es ineludible reflexionar. 

Publicado en bez

lunes, 19 de diciembre de 2016

El mundo en dos décadas

Es imprescindible reflexionar sobre qué cambios vendrán (y serán muchos) en las próximas dos décadas.


Agradezco mucho a Rafa Bravo la oportunidad de presentar mi libro en su prestigioso blog Primum non nocere 2016 .

He escrito UNA MIRADA AL FUTURO. Inteligencia artificial, abundancia, empleo y sociedad para llenar en parte un clamoroso vacío sobre la influencia que la tecnología tendrá en el futuro próximo.

Aparecen con creciente frecuencia en los medios noticias sobre si los robots nos quitarán el empleo o si la inteligencia artificial dominará el planeta. Pocas de ellas están bien documentadas, pero al menos tienen la virtud de suscitar la atención sobre el tema. Peor aún es el caso de la política en el que el tema ni siquiera se menciona.

¿Crees que la inteligencia artificial es muy lista o por el contrario piensas que es muy tonta? La inteligencia artificial general IAG concebida como un ente capaz de solucionar cualquier problema es ciencia ficción y su amenaza, en palabras de Andrew Ng, ingeniero de Google, profesor de Stanford, jefe científico de Baidu (el buscador chino) y cofundador de la empresa de cursos online Coursera, es como como preocuparse de la sobrepoblación en Marte. “El principal problema que la tecnología ha supuesto durante siglos es su amenaza contra el empleo. Por ejemplo, hay tres millones y medio de camioneros en Estados Unidos. Creo que necesitamos que los líderes gubernamentales y empresariales hablen sobre esto y pienso que el énfasis en los malvados robots asesinos es una distracción innecesaria”.

La inteligencia artificial es más bien como un ejército de hormigas que están en todas partes, ayudadas por el ubicuo teléfono móvil. Pequeñas aplicaciones de inteligencia artificial van ocupando un espacio cada vez mayor.

La tecnología destruye empleos, siempre ha sido así. La economía clásica dice que los empleos destruidos en un sector se crearán en otro: de la agricultura a la industria y de esta a los servicios. Pero no está nada claro que esto siga siendo así. ¿Hablamos de los empleos de una empresa como Whatsapp con 50 empleados? Dicen que por cada empleo que se crea en Amazon se destruyen cuatro en la economía tradicional. Amazon, una empresa que emplea miles de robots. ¿Y China? La robotización de la segunda economía del mundo es acelerada.

Pero la tecnología trae también la abundancia y el bienestar. Nadie lo diría viendo las noticias, pero el mundo mejora deprisa. La esperanza de vida, la lucha contra las pestes del pasado (incluyendo la malaria que ha descendido un 40% desde 2000), la educación, la democracia, o la violencia y las guerras mejoran.

El trabajo es odiado y deseado. Pero en la actualidad es deseado casi exclusivamente por los ingresos que reporta. La mayoría de la gente detesta su trabajo y es sencillo ponerse en el lugar de los muchos trabajos que la gente realiza solo por dinero.

Si las máquinas hacen el trabajo, los propietarios de estas se enriquecen y los asalariados se empobrecen: la desigualdad aumenta en el mundo. Algunas ideas como la renta básica universal son una propuesta a considerar.

Mientras tanto estamos educando a los jóvenes para un mundo que no existirá. Pretender que van a tener un empleo como los de antes es generar una enorme frustración.

¿Estamos preparados para el futuro?

martes, 13 de diciembre de 2016

Una mirada al futuro. Introducción del libro

La tecnología ha sido el arma más poderosa de evolución de las sociedades humanas. La dominación de la naturaleza posibilitó el gran salto neolítico de forma que cultivamos campos, domesticamos a los animales y nos hicimos sedentarios. La escritura fue quizá el mayor invento de la humanidad, ya que permitió la acumulación del conocimiento y que éste trascendiera el tiempo y el espacio. Los avances tecnológicos han traído bienestar en todas las épocas de la humanidad.



Con la Revolución industrial el crecimiento y el bienestar se aceleraron. La producción se hizo más eficiente, el precio de los productos bajó y éstos estuvieron a disposición de un número creciente de consumidores. También destruyó empleos, pero otros muchos se crearon según una máxima de la ciencia económica, que dice que los empleos destruidos por la tecnología son constantemente reemplazados por otros en otros sectores. Sin embargo, esto parece tocar a su fin.

El nacimiento de los ordenadores comerciales a mediados del siglo pasado posibilitó un gran desarrollo para las empresas grandes y pequeñas. La introducción del ordenador personal supuso un panorama nuevo en el que muchos individuos tenían acceso a la computación. Pero fue el uso masivo de Internet lo que cambió el mundo y nos mostró un futuro que aún no sabemos juzgar. En paralelo, los algoritmos inteligentes, la llamada Inteligencia Artificial, han comenzado a realizar tareas antes sólo reservadas a los seres humanos. Hoy los ordenadores ven, escuchan, hablan y casi piensan.

La aplicación de esta tecnología de la información tiene dos consecuencias. La aceleración de la producción hace que vayamos hacia un mundo de abundancia en el que los productos y servicios serán muy baratos. Por otro lado, hará que el trabajo humano vaya desapareciendo: las máquinas harán la labor. La antigua regla económica ya no sirve: no habrá reemplazo del empleo.

Esta visión tecnológica debería tener un correlato en el mundo económico y político. Desafortunadamente no es así. El libro pretende llamar la atención acerca de una realidad sobre la que urge el debate.

lunes, 5 de diciembre de 2016

No somos tan listos

Comparados con el resto de animales la inteligencia humana deslumbra, pero un análisis más serio revela nuestras enormes limitaciones intelectuales y nuestra irracionalidad.



Asistes a una fiesta y te presentan a varias personas. Te dicen sus nombres, pero instantes después no los recuerdas. Vas acompañado y quieres presentar a un conocido, pero no recuerdas su nombre; este, experto en relaciones sociales, se presenta él mismo y te libera de una situación algo bochornosa. Tranquilo, es normal, tu cerebro funciona tan mal como el de cualquier otro.

El neurocientífico David Linden dice que el cerebro es un kludge —klumsy (torpe), lame (poco convincente), ugly (feo), dumb (tonto), but good enough (pero suficientemente bueno)—. Y es que, lejos de responder a un diseño inteligente, el cerebro es algo bastante chapucero.

De hecho es sumamente fácil engañar al cerebro. Las ilusiones ópticas son un buen ejemplo. Las figuras del conejo y la liebre o la del jarrón y las caras, que habrás visto muchas veces, son unas ilusiones que te confunden. Lo curioso de estas figuras es que no puedes ver una mezcla de ambas: no ves el conejo y la liebre a la vez o una fusión de ambas; o ves la liebre o el conejo ya que existe una lucha entre poblaciones neuronales y solo puedes ser consciente de la que en ese momento va ganando.

La magia es una bella y excitante manera de comprobar lo sencillo que es confundir al cerebro. El mago te da unas pistas pero siempre oculta algo. La magia es en esencia falta de información. Con el resto de los datos tu cerebro escribe una narrativa que con gran sorpresa se muestra errónea.

La relación de fallos psicológicos va mucho más allá y cuando nos enfrentamos a cerebros con lesiones se manifiesta la complejidad de nuestro órgano más fascinante. Oliver Sacks cuenta la historia del hombre que no reconocía su pierna tras sufrir un ictus y perder el trozo del cerebro encargado de reconocerla. Sacks acudió a la cama del enfermo que estaba muy agitado. Este hizo saber al neurólogo que era de muy mal gusto haberle colocado a su lado la pierna de otro hombre y que con un poco de repulsión la había empujado fuera de la cama, pero para su sorpresa él había ido detrás al suelo. El cerebro del paciente no era capaz de encontrar una narrativa coherente entre la pierna que su cerebro no reconocía y la evidencia de que estaba pegada a su cuerpo y era suya y todo ello le provocaba una gran confusión. Por cierto, si no eres capaz de ponerte en su lugar y de comprender lo que le pasaba, es normal; resulta incomprensible para alguien cuyo cerebro no tiene esa lesión.

Pero los cerebros sin lesiones manifiestan un sinnúmero de conductas inconscientes. De hecho la mayoría de nuestro comportamiento es inconsciente. Abrir la puerta, salir de casa, andar por la calle, llegar al coche y conducir hasta nuestro destino es algo que hacemos sin prestar atención, de forma inconsciente. Solo una mínima parte de nuestra actividad cerebral es consciente. Esto no significa que la actividad inconsciente sea mala; por el contrario, es una conducta experta y sumamente eficiente y solo invocamos a la conciencia para las tareas difíciles.

Conocerás a un jugador de baloncesto famoso y simpático que ha triunfado en el extranjero. Sabrás también que promociona productos bancarios. ¿Qué tiene que ver el baloncesto con las hipotecas? Nada, desde luego. Pero eres víctima del efecto halo según el cual una persona (o país) que tiene varias cosas buenas lo tiene todo bueno. El efecto halo es solo uno de los muchos errores de juicio que cometemos y que se llaman sesgos cognitivos. Daniel Kahneman, psicólogo, es el primer no economista en recibir el Premio Nobel de Economía. Su estudio de los sesgos cognitivos deja la racionalidad humana a la altura de los zapatos. Los sesgos cognitivos no son errores ocasionales, son sistemáticos y su influencia en la economía es gigantesca. Uno de ellos es la aversión a la pérdida: compro una casa o unas acciones por valor de cien y este valor empieza a bajar. Un ente ecónomo totalmente racional se guiaría por el precio futuro y, si la expectativa es que siga bajando, vendería. Pero la mayoría de nosotros, incluidos muchos economistas irracionales, detestamos perder y no venderemos hasta que el bien no recupere el valor de cien, algo que puede no ocurrir nunca. Somos constantemente irracionales.

Cuando nos comparamos con los animales nos consideramos muy listos. Pero acaba de aparecer otro actor en la escena: la máquina. ¿Está nuestro chapucero cerebro en condiciones de competir con los ordenadores? He escrito UNA MIRADA AL FUTURO. Inteligencia artificial, abundancia, empleo y sociedad con el propósito de responder a esta pregunta y las que se derivan de ella: ¿cómo será el mundo dentro de dos décadas? 


Publicado en bez

viernes, 2 de diciembre de 2016

Ajedrez, campeones y máquinas

El Campeonato del mundo de ajedrez entre Magnus Carlsen y Sergey Karjakin muestra la pasión de los contendientes, la belleza del juego y la influencia de las máquinas.


Contra pronóstico el aspirante ruso de 26 años Sergey Karjakin llegó al desempate igualdo a 6 puntos con el rutilante campeón mundial noruego de 26 años Magnus Carlsen en el Campeonato mundial de ajedrez que se está celebrando en Nueva York. El encuentro, al mejor de doce partidas, llevaba diez tablas y una victoria cada uno. Nadie apostaba por Karjakin, noveno del mundo, pero el ganador del torneo de candidatos consigió sacar de sus casillas a Carlsen. Finalmente, en el desempata a partidas semi rápidas, Carlsen barrió al ruso y retuvo el título.

Ningún juego como el ajedrez muestra las facultades humanas. En él se desarrollan la evaluación del entorno, la estrategia a largo plazo, la táctica a corto plazo, la defensa, el ataque, el sacrificio, las celadas, el control del tiempo, la intuición, la memoria o la larga secuencia de pensamientos que llevan a la mejor jugada.

El escenario del campeonato es la ciudad de Nueva York donde hace casi 30 años ocurrió un acontecimiento que marcaría la historia del ajedrez y en buena medida del destino humano. En 1997 el ordenador de IBM Deep Blue ganó al campeón del mundo Gary Kasparov. Desde entonces puede decirse que el campeón del mundo ya no será nunca un humano y, salvo algunos desafíos posteriores, ningún Gran Maestro se enfrenta a las máquinas.

Deep Blue era un monstruo para la época: un superordenador con 30 procesadores y un hardware creado a medida para jugar al ajedrez capaz de evaluar 200 millones de posiciones por segundo. Esa gigantesca potencia es la que tenemos disponible en cualquier PC doméstico actual. El objetivo de crear Deep Blue era experimentar con el procesamiento paralelo. Entonces (y ahora) era muy complicado repartir la carga de trabajo entre varios procesadores sin que el rendimiento global del sistema decayera. Hoy todos los ordenadores personales y casi todos los teléfonos móviles tienen varios procesadores (o cores o núcleos) gracias a los esfuerzos que comenzaron en aquella época.

Aunque el ajedrez es un juego finito, es virtualmente infinito. El superordenador más grande del mundo, el chino Sunway TaihuLight con más de diez millones de cores no tiene ninguna posibilidad de resolver el juego de una vez por todas. Otros juegos, como las damas, están resueltos, es decir, se conocen todas las posiciones en el tablero, pero el ajedrez escapará aún por muchos años de su solución final.

El rendimiento de las máquinas en distintas tareas y juegos suele catalogarse de malo, experto y superhumano. En esta categoría entran ya los juegos de ajedrez, damas, Othello o Scrabble. En los últimos tiempos se han incorporado Go y póker incluyendo las capacidades de mentir y echar faroles, tan humanas. Y desde luego, y más importante, la inteligencia artificial está introduciéndose en muchos aspectos de nuestras vidas, entre otras formas a través de ese poco inocente aparato que es el teléfono inteligente.

Las máquinas han cambiado también el mundo del ajedrez aunque este sigue manteniendo muchos de los rituales de antes. Por ejemplo, ya no se aplazan las partidas como en el pasado. Antes, al llegar al control del tiempo, los luchadores se iban a casa y su equipo de analistas pasaba la noche en vela estudiando la mejor combinación. Desde que existen las máquinas esto no tiene sentido. Más importante es el hecho de que la preparación de los campeones se realiza con máquinas que analizan las líneas más prometedoras. Los grandes maestros actuales son mejores que nunca y lo son porque entrenan con máquinas.

El campeonato mundial en marcha tiene además el aliciente de la inmediatez de internet. Antes, los analistas y aficionados leían la partida al día siguiente y hacían sus análisis. Hoy las redes sociales son un hervidero de opiniones al instante. Así es posible conocer la opinión de las hermanas Polgar en Twitter (Judit Polgar ha sido la única mujer en estar entre los diez primeros ajedrecistas del mundo). Para un aficionado las redes sociales dejan varias enseñanzas. Cualquiera es un experto si tiene una máquina al lado. Nadie se atreve a contradecir a las máquinas. Carlsen y Karjakin entran en unas posiciones en las que nadie llega a conclusiones definitivas. Ni los grandes maestros, ni las máquinas, ni probablemente los contendientes llegan a entender lo que está pasando. Todo sigue siendo demasiado complicado en el bello e irresuelto mundo del ajedrez.

Mientras tanto subsiste la pasión. Viendo a Carlsen y Karjakin jugar, nadie lo diría. Es más, a veces parece que el vídeo se ha colgado y tenemos una foto fija. Sin embargo, como todo jugador sabe, su interior es un volcán. Eres un inútil, te voy a machacar, pues no es tan malo como parecía, oh, la he vuelto a pifiar, siempre me pasa igual, se equivocó, se equivocó, son algunos de los tormentosos diálogos internos que experimentan los ajedrecistas.

Las máquinas han traído muchos cambios al mundo y al ajedrez, pero al final del campeonato del mundo, uno de los humanos, Magnus Carlsen sonríe campeón y el otro, Sergey Karjakin, llora derrotado.

Dedicado al gran Leontxo García
Publicado en Bez