jueves, 26 de septiembre de 2019

El mundo espejo es la metáfora con la que se intenta explicar la sociedad del futuro basada en realidad aumentada



“Desde sus comienzos la industria del software ha padecido por tener demasiados ingenieros” David Gelernter
David Gelernter es profesor de Yale y uno de los visionarios de las tecnologías que hoy inundan el mundo moderno. Fuerte crítico de la deplorable usabilidad de las máquinas, ideó los mundos espejos, Mirror Worlds, en los que cada aspecto de la realidad tiene un gemelo digital.
Gelernter, como visionario de la tecnología que era, fue uno de los objetivos del asesino más buscado en USA, Unabomber. En efecto, Ted Kaczynski, el misántropo anarquista anti tecnológico que envío 16 bombas y tuvo en jaque al FBI durante dos décadas, obsequió a Gelernter con una de ellas que a punto estuvo de costarle la vida y le dejó graves secuelas.

Detestables interfaces

David GelernterDavid Gelernter
En 1999 en “La segunda venida. Un manifiesto.” Gelernter escribió sobre las disfuncionalidades de los interfaces hombre máquina. Algunos de los puntos del manifiesto hablan de lo siguiente:
  • Los sistemas operativos son todos muy antiguos. Windows tiene décadas. Linux es una versión de Unix que es muy antiguo.
  • Tendremos una gran revolución del software (que está por llegar)
  • Aceptamos con resignación los gigantescos defectos de los ordenadores. "Hay demasiadas personas que aman los ordenadores y muy pocas que están impacientes con ellos."
  • Probaremos todas las tecnologías
  • La informática es información, no ordenadores
  • Tendremos dispositivos omniscientes
  • El interfaz escritorio, teclado, ratón, menú está obsoleto
  • Dar nombre a decenas de miles de archivos no tiene sentido
A esto, añadiría yo muchos aspectos que muestran la dificultad de uso de las máquinas. Android también se basa en Linux. El interfaz de usuario sigue siendo una de las últimas partes en el desarrollo de una máquina. Las máquinas están hechas por usuarios expertos para usuarios expertos. Los horrorosos interfaces están en nuestra casa por doquier: la lavadora, el mando a distancia del aire acondicionado o el de la televisión o la misma plancha son ejemplos de la dictadura de los ingenieros. Hay demasiadas pocas personas que se quejan de lo malos que son los ordenadores.
David Gelernter imaginó un mundo en el que los interfaces fueran naturales y humanos. Y lo llevó al extremo incluyendo el mundo real en los mundos virtuales en los llamados Mirror Worlds.

Metáforas del espejo

El espejo es una inacabable fuente de historias y metáforas. El ojo ve el mundo, pero para observarse a sí mismo necesita el espejo. Narciso, el bello joven griego vio su imagen en el espejo de las aguas de un río y se enamoró de sí mismo. Allí quedó el bello griego mirándose y languideció hasta convertirse en el narciso, la flor que crece en la rivera de los ríos. Los espejos también deforman la realidad como en el caso de los espejos cóncavo y convexo del callejón del Gato de Madrid en los que se miraba el insigne Valle-Inclán y veía el esperpento de la España de la época. La madrastra de Blancanieves se miraba en el espejo mágico y así supo que había alguien más bella que ella. Y Alicia se preguntaba cómo sería la vida detrás del espejo hasta que descubrió que podía atravesarlo.
Los espejos son reflexión e incitan a ella. Reflejan, muestran, ocultan, deforman e informan. Los espejos copian la realidad y muestran otra imagen del Yo que complementa la obtenida por otras percepciones. La vivencia del Yo, esa entidad mental ilusoria tan esencial, se aumenta con el espejo. De alguna manera el mismo arte especula con la realidad, la imita, la copia.

Mirror Worlds

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Mirror Worlds está íntimamente relacionado con la realidad virtual. Poco a poco los mundos se confunden. En Mirror Worlds cada aspecto de la realidad tiene un reflejo virtual. En este sentido, no crea la realidad sino que la copia. Una silla real tiene un reflejo en el mundo espejo. Tampoco la realidad virtual es un concepto monolítico sino que ha ido dando paso a otras ideas como la realidad aumentada o la realidad mixta. Quizá uno de los aspectos más a tener en cuenta en los futuros mundos virtuales sea la veracidad de los objetos con los que interaccionamos.
Los Mirror Worlds quedan un poco escasos. La metáfora más acertada es la de Alicia. El espejo es la frontera entre la realidad y el mundo imaginado. Pero no lo vemos desde un lado sino que traspasamos la frontera. Estaremos dentro y fuera del espejo, las experiencias y los objetos de este mundo tendrán su reflejo en el espejo, pero también ocurrirá lo contrario y quizá comencemos a dudar sobre lo que es real y lo que no. Todo será real y todo será fake.
David Gelernter imaginó un mundo en el que los interfaces fueran naturales y humanos. Y lo llevó al extremo incluyendo el mundo real en los mundos virtuales en los llamados Mirror Worlds.
Mundos virtuales los tenemos desde que somos humanos. Escuchar al chamán alrededor del fuego e imaginar otros mundos es consustancial al ser humano. Representar mentalmente la realidad es la facultad que nos ha permitido concebir mundos y hacerlos realidad. Somos contadores de historias. Tecnológicamente los contadores de historias dieron su gran salto con el cine. El cine es una realidad virtual inmersiva que nos transporta con enorme facilidad a otros mundos. Con más de un siglo de existencia, el cine es el primer laboratorio de realidad virtual.
Las gafas 3D son el primer gran salto tecnológico en la existencia del cine desde el punto de vista de la experiencia de usuario, más allá del color y el sonido. No cabe duda de que aún queda mucho recorrido, pero la vivencia es única y distinta y marca el camino.

Leyendo el mundo

Recrear el mundo requiere leerlo. Los avances en tecnologías que captan la realidad son enormes y un aspecto muy importante es su ubicuidad. Cada vez hay más cámaras que fotografían el mundo. Cada vez hay más micrófonos que lo graban. Millones de dispositivos leen el mundo. En los Mirror Worlds todo objeto tendrá su gemelo digital, su Digital Twin.
¿Quién creará y poseerá los derechos de los mundos espejo? El problema no es baladí, sobre todo cuando la evolución de la digitalización está siendo tan inquietante. Facebook y Google poseen nuestros datos, son el oligopolio de la publicidad online y dictan el comportamiento de las masas. ¿Ocurrirá lo mismo con los mundos espejo?
¿Quién creará y poseerá los derechos de los mundos espejo? El problema no es baladí, sobre todo cuando la evolución de la digitalización está siendo tan inquietante
Parece razonable pensar que los mundos espejo, los mundos virtuales en los que cada aspecto de la realidad tiene su gemelo digital, deberían ser el equivalente al software libre. No cabe duda de que seremos los usuarios con nuestras cámaras y micrófonos (y los nuevos sensores que están viniendo) los que generaremos los contenidos, como ha venido ocurriendo desde la llegada de la Web 2.0. El alojamiento de los contenidos debería ser público y distribuido, los contenidos compartidos, libres de derechos y el acceso como las utilities del agua y la luz.

La veracidad de los Digital Twins

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Son varias las tecnologías actuales que coincidirán en los mundos espejo. Los objetos de los mundos espejos serán Inteligencias Artificiales encarnadas. Cada objeto deberá responder como los objetos reales para lo que estará dotado de una necesaria inteligencia. Además, la proliferación de gemelos digitales será el máximo exponente del Big Data. Y por supuesto, Internet de las Cosas es la esencia de los mundos espejo. Tanto para la creación como para el mantenimiento de los Digital Twins, así como para la interacción entre las cosas, IoT será clave.
Una de las tecnologías en auge que será fundamental en los mundos espejo es Blockchain. ¿Cómo sabremos que un gemelo digital tiene un correlato real y no es inventado? La frontera entre lo natural y lo artificial se difumina desde que el hombre es hombre. En los mundos que mezclen lo real con lo virtual, ¿qué es natural y qué es artificial? Otorgar veracidad a los mundos virtuales solo puede ser posible con tecnologías de notaría compartida como Blockchain.
Tradicionalmente los mundos virtuales son incorpóreos permitiendo la total libertad. Pero en los mundos espejo los gemelos digitales tienen un vínculo con el objeto real de modo que es una virtualización corporeizada. A su vez las IA tendrán cuerpos virtuales. Tu asistente virtual favorito tendrá un cuerpo 3D. Se encarnará.
En los mundos espejos la experiencia de usuario cambiará radicalmente respecto del mundo digital que conocemos. Moveremos los objetos virtuales con las manos y distinguiremos los objetos reales desconocidos. Las gafas, o el gadget que sea, nos informarán de la portada de la catedral que tenemos enfrente y los nombres y las biografías de las personas que tenemos delante nos serán notificadas online. En los mundos espejos preguntaremos por el lugar más próximo con una bonita puesta de sol.

Atisbos de Mirror Worlds

Algunos aspectos de los mundos espejo se pueden ya otear. Los coches autónomos son un gigantesco impulso para un sinfín de nuevas tecnologías como el ejército lo fue para otras. Los coches autónomos estarán llenos de gemelos digitales que modelicen el mundo real. A su vez, la inteligencia de los coches autónomos aprenderá en el mundo real, pero también en simuladores ubicados en mundos espejo.
Esta modelización del mundo real resulta vital para multitud de industrias que marcarán el despegue de estas tecnologías. Los simuladores de vuelo son rutinarios en la aviación. Los pilotos de coches usan simuladores de los coches y de los circuitos. Los entornos industriales agresivos son candidatos a los mundos espejo. Los robots que desempeñen tareas peligrosas para los humanos tendrán representaciones espejo del mundo. La inhumana superficie del Sol será recreada especularmente. La inversión en fábricas será millonaria.
En el Hacedor, Jorge Luis Borges escribe: “Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.” Este mapa a escala 1:1 tiene una aproximación en los mapas virtuales. Google Maps (sin el que el mundo estaría perdido) trata de reflejar la realidad calle a calle, fachada a fachada, puerta a puerta, farola a farola. Maps es el mundo espejo por definición.
google maps
En un mundo virtualizado podremos mezclar realidad y fantasía a voluntad. Pokemon Go enganchó a millones de usuarios en 153 países. Una buena muestra de lo que veremos cada vez más. Y si los objetos que vemos no existen, también puede ocurrir que veamos los objetos del pasado. Podremos recorrer las calles de nuestra ciudad como si viviéramos en el siglo XVII. Los mundos espejo no serán 3D sino 4D.

Gadgets

Las gafas son el primer dispositivo de realidad virtual que está desarrollándose. Las Google Glass no tuvieron mucho éxito, pero mostraron el camino. Hololens de Microsoft parece que tienen un mejor futuro. Microsoft ya visualiza la oficina del futuro sin escritorio real (sin mesa). Magic Leap promete cambiar el futuro con sus revolucionarias gafas. Y la más modesta Google Lens es una aplicación de reconocimiento de imágenes con un prometedor futuro.
A las gafas acompañarán otros dispositivos como el audio que lleva tiempo evolucionando. Los guantes de RV ya se usan en juegos. Los detectores de movimiento que se iniciaron con Kinect son otro componente que digitaliza el mundo. Y vendrán otros de entrada y salida para el tacto el olor o el gusto.
En los mundos que mezclen lo real con lo virtual, ¿qué es natural y qué es artificial? Otorgar veracidad a los mundos virtuales solo puede ser posible con tecnologías de notaría compartida como Blockchain.
El principal problema de todos estos dispositivos sigue siendo la usabilidad. Son muy invasivos e incómodos y en determinados casos, provocan una falta de sincronía sensorial que genera malestar y mareos. Pero son problemas que se irán solucionado. Al cerebro le gusta el engaño, pero tiene que estar bien hecho.
Como predijo Borges, tendremos un mapa de la realidad escala uno a uno. Será un espejo en el que el mundo se refleje, a veces con las esperpénticas deformaciones de Valle-Inclán. Quizá nos diga que hay alguien más bello que nosotros como a la malvada reina de Blancanieves y despierte nuestros peores instintos. Pero más bien nos ocurrirá como a Alicia y pasaremos fluidamente de un lado al otro del espejo. Una frontera cada vez más difusa en la que lo natural y lo artificial, lo virtual y lo real, lo original y lo inventado, lo real y lo reflejado serán paulatinamente indistinguibles.

Artículo publicado originalmente en Xakata

lunes, 2 de septiembre de 2019

ÉTICA Y BIG DATA

El mundo cambia a velocidad fulgurante y los principios y normas morales se ven actualizados por la fuerza de los hechos. Los usuarios nos desnudamos en las redes y las compañías de Inteligencia Artificial (IA) y Big Data extraen provechosas ganancias de nuestra impudicia. Sin normas, en el territorio del más fuerte, las preguntas se acumulan.

¿Por qué nos desnudamos públicamente en las redes? Quizá esta sea la pregunta de base. Imagina una reunión de amigos en la que uno tras otro, os ponéis a contaros vuestros secretos. Es probable que la mayoría sea reticente a hacerlo y solo alguno hablaría de su intimidad sin tapujos. El caso es que en las redes sociales, son millones de personas las que cuentan detalles íntimos o cuando menos personales y emiten opiniones orgullosos de hacerlo sin medir las consecuencias. Haz una prueba: elige a un conocido o una conocida. Busca en la red por su nombre. Tómate un poco de tiempo. Es probable que acabes sabiendo su edad, estudios, trabajo, familia, amigos, aficiones… Si tú puedes hacer esto, imagina lo que serán capaces de hacer las empresas o gobiernos.
No siempre ponemos nuestros datos a disposición de todo el mundo, pero prácticamente todos nosotros entregamos datos sensibles a las compañías tecnológicas, típicamente Google o Facebook. ¿Por qué lo hacemos? La respuesta es la gratuidad del servicio que nos ofrecen. Pero, ¿es de verdad el servicio gratuito? Google y Facebook viven de la publicidad. Se han convertido en un monopolio del marketing. Miles de empresas pagan millones de euros a ambas para hacer campañas publicitarias. Y esto ocurre porque tienen tus datos. Tus datos valen dinero y los datos agregados de todos los usuarios valen millones de euros.
¿Lo saben todo de ti? Obviamente no, pero saben lo suficiente para extraer valor de tu presencia en las redes. La realidad es que saben mucho. Mira tu cronología de Google. Si has permitido rastrear tu ubicación, esta empresa sabe dónde has estado en cada momento de tu vida desde que les permitiste husmear en tu vida. No es poco. Además las empresas tecnológicas saben cuáles son tus preferencias, qué compras y qué opinión política tienes.

Los algoritmos tienen importantes problemas desde el punto de vista ético. Si queremos que sean realmente útiles y eficaces, deben aprender por sí mismos; la supervisión humana genera ineficiencia. Y si aprenden solos, ¿cómo controlar lo que aprenden?

El escándalo de Cambridge Analytica demostró lo vulnerable que es nuestra privacidad. Todo comenzó por un simple test de personalidad. Responde a unas preguntas y te diremos cómo eres. Con estas preguntas y la información de Facebook, se infirieron los perfiles psicológicos de los usuarios. Más de 250.000 usuarios contestaron a este test, pero además se pidió permiso para acceder la información de la red de amigos sin permiso de estos. Como resultado, la empresa obtuvo información de más de cincuenta millones de usuarios. Lo siguiente fue enviar información selectiva y fake news para influir en el comportamiento de los usuarios en las elecciones. Si estás indeciso, te animan a cambiar y si estás convencido, te anima a quedarte en casa y no votar. El escándalo fue mayúsculo.
Los medios de recoger información pueden ser otros como los del caso Snowden. Este informático demostró cómo las agencias americanas usaban los metadatos (y a veces los datos) para elaborar una valiosa información. Cuando hablas por teléfono, aparte de la conversación en sí, se registran otros datos. Cuándo llamaste, a quién llamaste, cuánto duró la llamada, dónde estabais tú y tu interlocutor, cuántas veces hablasteis. Como te imaginas, más que suficiente para hacerse una muy buena idea de tu vida, aunque el contenido de las conversaciones permanezca privado. El poder de los metadatos es gigantesco.
El poder de los algoritmos
Las compañías tecnológicas y los gobiernos tienen mucha información sobre ti. Y la usan. Permanentemente te están llegando noticias a través de los medios tecnológicos que usas. ¿Qué noticias? Las que seleccionan los algoritmos para ti. Se supone que es bueno que no te lleguen noticias de pañales si tienes cincuenta años y que la publicidad bien segmentada es buena. Pero lo cierto es que el poder de los algoritmos es enorme. Igualmente los de recomendación. Esto lleva al llamado determinismo algorítmico: solo leo lo que quiero leer o lo que las empresas quieren que lea. Para salirme del bucle debe realizar un esfuerzo deliberado de lucha contra el algoritmo. Si me dejo llevar siempre recibiré las noticias políticas de determinada ideología, escucharé la misma música, compraré el mismo tipo de ropa y leeré las mismas novelas. Esta selección ¿es censura?
Los algoritmos tienen importantes problemas desde el punto de vista ético. Si queremos que sean realmente útiles y eficaces, deben aprender por sí mismos; la supervisión humana genera ineficiencia. Y si aprenden solos, ¿cómo controlar lo que aprenden? Los algoritmos tienden a seguir los sesgos de los datos que se les presentan y los datos se corresponden con realidades con las que no estamos conformes. Así, es común que los algoritmos aprendan a ser clasistas, sexistas y racistas. Pero lo peor es que es difícil corregirlos ya que no sabemos cómo funcionan. Conocemos el mecanismo por el que realizan su función ya que los hemos programado, pero dado que usan millones de datos y estos alteran su estado, lo cierto es que no podemos explicar por qué toman sus decisiones. Los algoritmos no pueden seguir siendo una caja negra, es esencial que tengan mecanismos de explicación de su actuación.
¿Tenemos derecho a la rectificación? Si los algoritmos trabajan de forma que nos incomode como ciudadanos, ¿podemos solicitar a las empresas que cambien su comportamiento? Y si los datos que existen en la red no nos gustan, ¿tenemos derecho al olvido? ¿Nos perseguirá siempre el comentario inapropiado o la foto desafortunada que subimos? ¿A quién recurrimos?
¿Deben ser los gobiernos proactivos en la defensa de los ciudadanos o es un acuerdo entre usuario y empresa en la que los gobiernos no deben actuar? Lo cierto es que la Unión Europea ha promulgado el Reglamento General de Protección de Datos GDPR 1. La regulación remodela fundamentalmente la forma en que los datos se manejan en todos los sectores, desde la atención médica hasta la banca.
¿Es el GDPR suficiente? Parece obvio que no. Los datos son la materia prima de la era de la información y su comercio es muy lucrativo. Estos datos alimentan las inteligencias artificiales que determinan en buena medida qué hacemos, qué compramos o a dónde vamos de vacaciones. Está claro que dejar el control de los algoritmos a las empresas que los crean es como dejar al zorro vigilando a las gallinas.
Ciberseguridad, robótica y IA
Además del control del comercio de datos existe otro enorme problema: la ciberseguridad. Por diversión, por curiosidad intelectual, por maldad, por dinero o por motivos políticos y estratégicos, miles de expertos informáticos del mundo se dedican a reventar los sistemas de seguridad de las empresas, gobiernos y usuarios. Las implicaciones son gigantescas, desde amenazas militares hasta simples ordenadores de usuarios que se infectan con virus y dejan de funcionar. Dada la complejidad de la interconexión mundial, el campo de batalla es idóneo y la lucha no parece tener fin.
En 2017, el Parlamento Europeo realizó un Informe con destino a la Comisión para que esta legisle sobre robótica, IA y sociedad. El informe es exhaustivo y recoge muchas de las preocupaciones que la robótica y la inteligencia artificial despiertan en la sociedad. A la par que enumera las ventajas de los sistemas inteligentes en una sociedad envejecida y recomienda no entorpecer la innovación en este ámbito, también se hace cargo de que “el desarrollo de máquinas inteligentes y autónomas, con capacidad de ser entrenadas para pensar y tomar decisiones de manera independiente, no solo implica ventajas económicas, sino también distintas preocupaciones relativas a sus efectos directos e indirectos en el conjunto de la sociedad”.

El vertiginoso avance de las tecnologías de la información nos obliga a mirar el futuro con un poco de sosiego, definir los problemas éticos a los que nos enfrentamos y crear unas normas de actuación que ahora no existen

Respecto de los robots (aunque los robots llaman más la atención, deberíamos de hablar de software inteligente) las preguntas se acumulan. ¿Tendrán derechos los robots? ¿Podrían adquirir algún estatus humano los robots? ¿A quién son imputables las decisiones de los robots? ¿Se deben o no crear vínculos emocionales con los robots?
Pero la mayor preocupación es la incidencia de la automatización en el mercado de trabajo. ¿Nos quitarán los robots el trabajo? ¿Quién cotizará a la seguridad social? ¿Cómo pagaremos las jubilaciones y el desempleo? ¿Cómo hacemos frente a la desigualdad que generan los robots en la distribución de la riqueza y el poder? ¿Deberíamos someter a los robots a un impuesto o un gravamen por su uso?
La irrupción de las tecnologías de la información ha supuesto un enorme avance en la calidad de vida de los ciudadanos del mundo. Vivimos más y mejor gracias a la tecnología. Pero este vertiginoso avance nos obliga a mirar el futuro con un poco de sosiego, definir los problemas éticos a los que nos enfrentamos y crear unas normas de actuación que ahora no existen. No tenemos mucho tiempo.

Artículo publicado originalmente en Telos