lunes, 16 de febrero de 2015

¿Seremos todos ciborg?

¿Qué queda de original en tu cuerpo?
De la película “Ghost in the Shell”


La ciencia ficción plantea escenarios imposibles hoy en día que podrían darse en un futuro más o menos lejano. Es el caso de la película de animación “Ghost in the Shell” que transcurre en el año 2029 y en la que la Mayor Motoko Kusanagi, perteneciente a la sección 9, compuesta de cíborgs con capacidades que superan a los humanos convencionales, se enfrenta a un ser nacido de la red, “una entidad viva pensante creada en el mar de la información”. Al fin y al cabo, “si un cerebro cibernético puede generar un espíritu, ¿dónde está la importancia de ser humanos?”¿Seremos todos ciborg? es el capítulo que he escrito para el libro La aventura del cerebro. El libro es una interesante divulgación sobre el cerebro que incluye una docena de capítulos escritos por diferentes personalidades del mundo de la neurociencia y tratan sobre organización del cerebro, conciencia, sensaciones, pensamiento, amor o enfermedad. El capítulo del que soy autor versa sobre la relación hombre máquina, tan próxima a la computación cognitiva.
En 1780 el científico italiano Luigi Galvani realizó un descubrimiento fundamental debido en gran parte al azar. Se hallaba disecando la pata de una rana que colgaba de un gancho de bronce. Por error tocó el gancho con el bisturí y la pata de la rana se contrajo. Había descubierto la naturaleza eléctrica del impulso nervioso. Pensó con acierto que la electricidad venía del interior de los cuerpos y que el órgano que la producía era el cerebro. Más aún: los cuerpos muertos conservaban en buena medida las propiedades eléctricas. Para comprobarlo sometió a cadáveres a descargas eléctricas y observó en ellos lo que llamó “danza de las convulsiones tónicas”.
Desde entonces, la idea de conectar máquinas al cuerpo humano ha excitado la mente de literatos y científicos. ¿Seremos todos ciborg? Obviamente no, pero aunque la ciencia y la tecnología están lejos de proporcionar la cognición aumentada que aparece en la ciencia ficción, cada día hay más ejemplos esperanzadores de la tecnología llamada BCI, Brain Computer Interface.
Es una tecnología esperanzadora no porque pretenda mejorar a los humanos sanos sino porque viene a ayudar a todos aquellos con deficiencias congénitas o fruto de un accidente o enfermedad que les impiden llevar una vida plena.
Utilizamos artilugios que permiten superar los límites de nuestro cuerpo desde el comienzo de la humanidad, empezando por el vestido y calzado. El bastón es una prótesis ancestral y las gafas son mucho más modernas y sofisticadas. Desde hace unos años existe un empalme cable nervio muy extendido: es el implante coclear. Más de doscientas mil personas en el mundo llevan un aparato en el que el oído es sustituido por un aparato que enlaza directamente con el nervio auditivo. El implante coclear ha cambiado la vida de miles de personas, en especial los sordos de nacimiento. Hasta hace poco tiempo estas personas estaban condenadas a una vida muy limitada mentalmente. Al no escuchar, no podía formar las estructuras cerebrales del lenguaje. Sin apoyo educativo no llegaban a hablar ni entender ni leer. Pasada la infancia, el daño era irreversible. Los niños con implante coclear, aunque siguen oyendo mal, tienen pleno acceso al lenguaje, hablan, entienden y leen. Una diferencia abismal.
El mundo de los implantes y en general de la tecnología BCI sigue en rápida evolución. Personas con miembros amputados, víctimas de accidentes de tráfico o de una gran variedad de enfermedades están viendo una mejora de sus condiciones de vida.
Un ciborg es un organismo biológico al que se han añadido mejoras artificiales para aumentar sus capacidades. ¿Existe algo similar próximo a nosotros hoy en día? Desde luego. Se trata del aumento de nuestra cognición a través de una aparato que todos llevamos encima: el teléfono inteligente. Los smartphones no muy inteligentes, pero nos ponen en contacto con el mundo de la computación cognitiva que reside en la nube. A través de estos dispositivos (y pronto a través de los wearables) tenemos la supercomputación en el bolsillo.
No, no seremos todos ciborg. Pero la tecnología nos acompaña y es de una incalculable ayuda para todos y en especial para las personas mayores y aquellos con problemas de salud neurológica y mental.
Artículo publicado originalmente en el blog La construcción de un planeta más inteligente

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