lunes, 15 de marzo de 2010

Santiago Ramón y Cajal. Semblanza biográfica. II/III

REF Vida y Obra Científica I/III  
Infancia y Juventud
Santiago Ramón y Cajal nació y pasó buena parte de su infancia y juventud en Aragón. Su padre consiguió con esfuerzo hacerse médico y los primeros años de la familia transcurrieron de pueblo en pueblo. Cajal narra las muchas aventuras que suceden a un muchacho de pueblo. Recibe una coz de un caballo, se aficiona a los nidos de aves (en una de cuyas observaciones casi cae de una repisa buscando águilas).
En el orden de los afectos y tendencias del espíritu, era yo, como la mayoría de los chicos que se crían en los pueblos pequeños, entusiasta de la vida de aire libre, incansable cultivador de los juegos atléticos y de agilidad, en los cuales sobresalía ya entre mis iguales.
Llegado a Ayerbe, conoce a más chicos y se pelea con ellos. Pero pronto pasa a capitanear al ejercito de diablillos.
Mi aparición en la plaza pública de Ayerbe fue saludada por una rechifla general de los chicos. De las burlas pasaron a las veras. En cuanto se reunían algunos y creían asegurada su impunidad, me insultaban, me golpeaban a puñetazos o me acribillaban a pedradas. ¡Qué bárbaros éramos los chicos de Ayerbe!...Descalabrarse mutuamente a pedrada limpia, romper faroles y cristales, asaltar huertos y, en la época de la vendimia, hurtar uvas, higos y melocotones: tales eran las ocupaciones favoritas de los zagalones del pueblo, entre los cuales tuve pronto la honra poco envidiable de contarme.
Alertado por el comportamiento de su hijo, su padre lo encomienda a los Escolapios de Jaca.
Encargoles que vigilaran severamente mi conducta y me castigaran sin contemplaciones en cuanto me desmandara en lo más mínimo.
Aprende mucho, pero su comportamiento hace peligrar sus estudios y aprueba por los pelos.
Llegado el examen, propusieron los frailes, según era de prever, mi suspensión; pero los profesores de Huesca, apoyados en un criterio equitativo, y recordando que habían sido aprobados alumnos tan pigres o más que yo, aunque bastante más dóciles, lograron mi indulto.En castigo a su conducta, su padre le hace aprendiz de barbero y más tarde de zapatero.
Yo que… creíame capaz de emular las glorias del Ticiano, de Rafael o de Velázquez, verme forzado a empuñar la sucia y jabonosa brocha barberil!... ¡Era para morirse de vergüenza!
...asentándome de aprendiz con cierto zapatero, hombre de pocas palabras, rústico y mal encarado, el cual, en connivencia con mi padre, hízome pasar las de Caín. Obligome a tragar un mal cocido, a dormir en obscuro y destartalado desván lleno de ratones y telarañas, y encargome además de los más bajos y sucios menesteres de la tienda.

Pintura 
Tendría yo como ocho o nueve años, cuando era ya mi manía irresistible de manchar papeles, embadurnar las tapias, puertas y fachadas recién revocadas del pueblo con toda clase de garabatos, escenas guerreras y lances de toreo...
Su padre le lleva ante un pintor para que dictamine.
... Aburrido ya, sin duda, de quitarme lápices y dibujos y viendo la ardiente vocación demostrada hacia la pintura, decidió mi progenitor averiguar si aquellos monos tenían algún mérito y prometían para su autor las glorias de un Velázquez..
El dictamen del Aristrarco es concluyente:
¡Vaya un mamarracho! ¡Ni esto es apóstol, ni la figura tiene proporciones, ni los paños son propios... ni el chico será jamás un artista...!
No obstante, la vocación pictórica de Cajal se plasma en los cientos de hermosas y clarividentes láminas que pueblan sus escritos.

Fotografía
Cajal descubre la fotografía de la que sería gran aficionado y que le ayudaría poderosamente en sus técnicas micrográficas.
Gracias a un amigo que trataba íntimamente a los fotógrafos, pude penetrar en el augusto misterio del cuarto oscuro. Los operadores habían habilitado como galería las bóvedas de la ruinosa iglesia de Santa Teresa, situada cerca de la Estación.
Fabrica incluso placas fotográficas que vende con gran éxito.
Tiene fotografías populares, de viajes, familiares. De hecho, la mayoría de sus retratos son en realidad autorretratos.
Escribe en 1912 La fotografía de los colores. es nombrado Presidente Honorífico de la Real Sociedad Fotográfica de Madrid.

Deporte
Cajal tiene una gran pasión por lo físico fruto sin duda de su infancia en los pueblos de Aragón.
Relata que en Valencia, mucho más tarde, disfruta de las paellas.
Los fines de esta reunión de gente de buen humor reducíanse a girar visitas domingueras a los parajes más atrayentes y pintorescos del reino de Valencia; tomar fotografías de escenas y paisajes interesantes; dar de vez en cuando juego supraintensivo a músculos y pulmones, caminando entre algarrobos, palmitos, pinos y adelfas, y, en fin, saborear la tan suculenta y acreditada paella valenciana.
Cajal enferma gravemente de paludismo y disentería en Cuba y años más tarde recae y tiene que curarse en Panticosa.
Con humor relata su afición a la gimnasia.
Jactábame de ser el más forzudo de la clase... pero le retan a un pulso. Y, con gran sorpresa y dolor, sufrí la humillación de la derrota por lo que decide ir al Gimnasio a entrenar. Habla con el dueño y Después de algunos regateos, convinimos en cambiar lecciones de fisiología muscular (que él deseaba recibir para dar a su enseñanza cierto tono científico), por lecciones de desarrollo físico hasta que no sólo cumplí mi promesa de triunfar del amigo Moriones, sino que antes de finar el año vine a ser el campeón más fuerte del gimnasio. Aunque el ejercicio físico no es compatible con el intelectual: Llegada la noche, el cerebro, fatigado por el exceso de las descargas motrices -que parecen absorber energías de todo el encéfalo-, cae sobre los libros con la inercia de un pisapapeles.
Con este aire relata el episodio de la Venus de Milo, cierta bellísima señorita de rostro primaveral, realzado por grandes ojos azules.
Cierta noche paseaba yo, como de costumbre, por la referida calle del Cinco de Marzo, haciendo sonar ruidosamente en las aceras mi formidable garrote, cuando vino a mi encuentro un joven de mi edad, macizo, cuadrado y robusto. Sin andarse con presentaciones ni andróminas, el tal sujeto prohibiome terminantemente pasear la calle donde vivía la señora de nuestros coincidentes pensamientos, so pena de propinarme monumental paliza. Ante tanta audacia, mi dignidad de perdonavidas quedó asombrada. De acceder a tan descortés y humillante invitación, hubieran protestado, además de la negra honrilla, los millones de fibras musculares inactivas que deseaban lucirse a poca costa… Quedó, pues, concertado un lance a estacazo limpio, que había de efectuarse aquella misma noche en los sotos del Huerva… En vista de la desigualdad de los garrotes (he dicho que el mío era una barra), convinimos en acometernos a puñetazo limpio.
Finalmente Cajal gana el combate y acaban haciendose amigos.
Ajedrez
Es un gran aficionado. En mi empeño de lucirme a toda costa y confiando en mi pasadera memoria visual, llegué a jugar sin mirar al tablero.
Pero le quita mucho tiempo. Esto no podía continuar. La fatiga y la congestión cerebral casi permanentes me enervaban. Si en el juego del ajedrez no se pierde dinero, se pierde tiempo y cerebro, que valen infinitamente más.
No le gusta perder. De modo que se prepara a fondo y vence a todos los miembros del Casino. Y temeroso de reincidir, dime de baja en el Casino, no volviendo a mover un peón durante más de veinticinco años. Gracias a mi ardid psicológico, emancipé mi modesto intelecto, secuestrado por tan rudas y estériles porfías, y pude consagrarle, plena y serenamente, al noble culto de la ciencia.

Literatura
Cajal es un gran lector y un prolífico escritor. Más de 100 artículos y numerosos libros dan crédito de ello.
Además de las publicaciones científicas, también escribe:
Cuentos de vacaciones. Narraciones pseudocientíficas.
Recuerdos de mi vida. Tomo 1. Mi infancia y juventud y Tomo II, Historia de mi labor científica. (de donde están extraídas las presentes citas)
El mundo visto a los 80 años. Impresiones de un arteriosclerótico.
Familia
Su mujer, Silveria Fañanás García parece ser el complemento ideal del sabio:
…no obstante una belleza que parecía invitarla a brillar y ostentarse en visitas, paseos y recepciones, mi esposa se condenó alegremente a la obscuridad, permaneciendo sencilla en sus gustos, y sin más aspiraciones que la dicha tranquila, el buen orden en la administración del hogar y la felicidad del marido y de sus hijos.
Que, dados mi carácter y tendencias, mi elección fue un acierto, reconociéronlo pronto mis progenitores, singularmente mi madre, que acabó por querer sinceramente a su nuera, con quien compartía tantas virtudes domésticas y tantas analogías de gustos y carácter.

Tienen siete hijos.

REF Premios y cargos III/III
Extractos de su autobiografía
                                                           

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