lunes, 25 de noviembre de 2013

El desafío de hacer amigos de adulto

La amistad es una relación maravillosa entre iguales que hace más dulce la vida. Aunque tenemos amigos que duran toda la vida, la amistad cambia con los años. A los 20 se hacen muchos amigos. A los 50 se conservan unos pocos. Un fantástico reportaje de New York Times habla sobre ello.

A los 30 y a los 40 mucha gente entra en tu vida a través del trabajo, de los hijos y de las redes sociales. Pero los auténticos amigos decrecen. La vida compleja, la familia, la distancia y otros factores hacen que dejes de cultivar ese bien tan preciado: la amistad. Con frecuencia solo te das cuenta de los has descuidado cuando algo serio ocurre, te mudas a otra ciudad o te divorcias.
Como el caso de una educadora que se mudó de ciudad. Iba a celebrar su 39 cumpleaños. Con 857 amigos en Facebook y 509 seguidores en Twitter, apenas pudo llenar su lista de invitados.
Hice un inventario de las fases de mi vida donde hice más amigos y fue definitivamente en el instituto y en mi primer trabajo.
O de un hombre que se divorció a los 40. Su contacto con los amigos se atrofió debido al trabajo y a la familia.
De repente, con tu esposa fuera de tu vida, te das cuenta de que estás solo.
En los estudios de grupos parece claro que las personas tendemos a relacionarnos con menos gente cuando nos hacemos mayores, pero estrechamos lazos con los amigos de siempre. Cuando el tiempo pasa, el horizonte se achica y abandonamos las exploraciones para centrarnos en lo importante, los amigos próximos, la familia y los hijos.
Y cuando las cosas cambian, resulta difícil encontrar las condiciones idóneas para la amistad. La proximidad, la repetición y los encuentros no planeados.
La proximidad es más difícil cada día de mantener. Los trabajos llevan a las personas de un lado a otro. Esto desde luego es muy diferente en los distintos países. En Estados Unidos la movilidad es muy alta y en España muy baja. También influye el entorno urbano. La ciudad es muy distinta de un pueblo de mil habitantes.
A veces el salario también influye. No siempre es fácil ser amigo de alguien que gana mucho más o mucho menos que tú. Y si tienes pareja, la cosa se complica aún más. No es que mi amigo me caiga bien. También debe hacerlo su mujer y ambos deben de resultar simpáticos a la mía.
Cuando tienes hijos, estos se convierten en una fuente de amistades: los padres de los amigos de tus hijos. En determinado momento estás muy unido a ellos. A veces solo haces planes con ellos. La proximidad es grande, la repetición alta y las relaciones no están muy planificadas. Pero con frecuencia no haces lo que quieres sino lo que los niños quieren. Y también en este caso las cosas cambian. Los niños crecen y cambian de amigos y la relación con sus padres decae.
Existe también un factor decisivo: tú cambias. Ya no es todo excitante, ya no da todo igual. De pronto el listón está alto y te vuelves exigente. Lo que perdonarías de sobra a los 20 no lo haces a los 40. No soportas al pesado, al ególatra, al desequilibrado…
De pronto conoces a un nuevo amigo. Coincides en gustos y actividades. Quedáis en veros. Le llamas y volvéis a quedar. Pasa el tiempo y a pesar del interés os habéis visto dos veces en seis meses. La vida es complicada y la siguiente vez ha pasado un año.
Con el tiempo también te haces más reservado. Ya no lo das todo, ya no lo permites todo. Y te vuelves algo más realista. No todos son tu mejor amigo del alma. En realidad tampoco antes lo eran.
Quizá la aproximación más inteligente es tener amigos en distintos ámbitos. Según las actividades. Tengo un amigo en el trabajo. Tengo un amigo para ver el fútbol. Tengo otro amigo para hacer deporte. Hay uno con el que salgo de copas. Otro amigo es mi vecino.
Con el tiempo se pierden muchas cosas. La amistad incondicional es cosa de la juventud. Pero es imprescindible cultivar la amistad de adulto.
Dedicado a mis buenos amigos.
Publicado originalmente en ALT1040

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