martes, 16 de noviembre de 2010

En economía el cerebro no es lógico. Es psicológico

Cuando tomamos decisiones sobre dilemas económicos, no actuamos de forma lógica sino psicológica. Según cómo este planteado el problema, un conjunto de prejuicios nos llevan a descartar la decisión más conveniente. Son errores sistemáticos, predecibles y aparentemente incorregibles.
Maurice Allais, Prenio Nobel de Economía de 1988 estableció lo que se llamaría la paradoja de Allais.
Más tarde, Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía en el 2002) y Amos Tversky postularon la teoría de las perspectivas.
Ambos muestran la falta de coherencia entre las decisiones que toman los sujetos con la utilidad esperada. Esto introduce fundadas sospechas sobre la cientificidad de las decisiones en economía.
Prejuicios.
En puridad nadie debería jugar a los juegos de azar donde existe "la banca". La esperanza matemática predice que de cada 100 euros jugados a la lotería perderemos 30 si jugamos el suficiente número de veces (que se lleva la hacienda pública). Del mismo modo, de cada 37 euros jugados a la ruleta, perderemos 1 euro (que se lleva la banca).
Teoría de la perspectiva. No actuamos en abstracto, objetivamente, de forma absoluta, sino que lo hacemos en un marco de referencia. Comparamos con nuestro punto de partida. Así ,arriesgamos para no perder, pero  cuando se trata de ganar, optamos por lo seguro.
El efecto de la dotación dice que valoramos más lo que poseemos que aquello de igual valor que no poseemos.
La aversión a las pérdidas hace que sea mayor la insatisfacción por perder 100 euros que la satisfacción por ganarlos.
Si cometemos un error, lo mantenemos mientras sea posible. Esto se aplica a la economía o a la guerra. ¿Cuánto más tenemos que perder para cambiar el rumbo?
Algunos ejemplos son ilustrativos.
Si preguntamos a un paciente si quiere someterse a una hipotética operación de emergencia en la que la probabilidad de salir con vida es del 80% responderá que sí en más ocasiones que si le preguntamos por la misma operación en la que la probabilidad de morir es del 20%. aunque en realidad son la misma cosa.
100 personas morirán por una enfermedad si no hacemos nada. Hay dos opciones terapéuticas. En una de ellas se salvarán 900. En la otra morirán 100. Los encuestados optan por la primera. Pero ¿no son iguales?
En general optamos por ganar el premio gordo, independientemente de la probabilidad de ganar.
Nos atrae más comprar antes de que el producto suba un 10% que atraídos por un descuento del 10%.
En nuestra lengua tenemos expresiones que certifican estos prejuicios. Más vale pájaro en mano que ciento volando. Mejor malo conocido que bueno por conocer.
¿Están nuestros comportamientos determinados por el aprendizaje?
Al parecer no. Estudios realizados con monos capuchinos muestran que son capaces de usar dinero. Y que muestran los mismos prejuicios que nosotros. En concreto en relación al efecto de la dotación. Se identifica una pareja de regalos de igual valor (frutas y cereales). Una vez obtenido uno de ellos (por ejemplo fruta), los monos piden mucho más de lo otro (cereales) para cambiar y viceversa.
Es decir, mostramos prejuicios económicos desde hace millones de años.

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